Economía

Transversos. Selección y traducción de Raquel Rivas Rojas. Textos de Kei Miller

Transversos. Selección y traducción de Raquel Rivas Rojas. Textos de Kei Miller


Kei Miller / keimillercaribbeanlitreviews.wordpress.com/

Kei Miller (Kingston, 1978) poeta, narrador y ensayista de origen jamaiquino, residenciado en el Reino Unido. Su libro The Cartographer Tries to Map a Way to Zion ganó el Forward Prize en 2014 y su novela Augustown obtuvo en 2017 el Premio Bocas de Literatura Caribeña. Los poemas seleccionados pertenecen al libro There is an Anger that Moves (2007). En ellos Miller explora las emociones del destierro que van desde la extrañeza hasta la desesperación, sin dejar de lado los pequeños instantes en los que la esperanza y la alegría siguen siendo posibles.


A fin de cuentas, quién sabe

En este país, cuando acabas de llegar,

puedes desesperarte hasta el punto

de comprar cambures online, a fin de cuentas

no sabes dónde estás ni qué es qué

ni cómo encontrar las cosas más simples,

comida, calor, o los sonidos de tu gente.

Por la noche buscas una esperanza

en la pantalla de tu computadora, soñando

que Jamaica va a venir desde lejos a llenar tu casa.

Piensas que puede pasar, si no duermes,

si mantienes los canales abiertos,

si googleas la palabra correcta, como kumina,

pocomania o Elverine, que es el nombre de tu madre;

si encuentras un lugar donde hacer click

sobre un racimo de cambures, recordando

en ese momento, la insistencia amarilla

del desayuno, como si el sol se levantara

desde el fondo mismo de tu plato.


Cómo nos volvimos piratas

En este país tienes un acento;

en el pub, una mujer se burla.

Quieres ignorarla pero te preguntas

¿cuántos más piensan igual que ella?

En este lugar, el odio

es contenido, igual que el paisaje,

oculto detrás de un ¡salud, amigo!

Y qué raro es burlarse de la forma

en que pronunciamos algunas palabras.

Tal vez es el viejo resentimiento

colonial porque nos volvimos piratas, gente

oscura, que le quita el inglés a los ingleses,

y le roba la poesía a los poetas.

Porque la poesía en inglés ya no viene de Inglaterra.

Entonces le respondes: My lady, si escribo

un poema en este país

no va a ser tuyo. 


Siempre por lo bajo

En este país, dejas un CD sonando todo el día

para que llene la casa vacía de una esperanza

tibia. Porque quieres regresar una noche

y encontrar las alfombras, las paredes

y las frías cortinas contagiadas del espíritu de la isla;

quieres abrir la puerta y escuchar la sala

cantando aleluya a todo leco, sumándose

al coro de un reggae casi ilegal aquí.

Siempre por lo bajo le dices

boom-bye-bye al que predice el clima

con su insistente credo de frío y lluvia,

que jura que el calor no existe.

Pero tú todavía crees y te metes en la cama

chupándote un dedo, pensando en tu madre

y en tus robustas tías, escuchando

el viejo CD que sigue dando vueltas

sobre el cansado hilo de una tibia esperanza.


Una canción para el color naranja

En este país, te das cuenta de que tomar chocolate

era un lujo allá en casa, porque tus huesos

nunca necesitaban descongelarse. En este nuevo país

le cantas canciones al té, al café y al chocolate

caliente, a las teteras, a los calentadores y a todos

los tubos de escape. Una canción completa

para el color naranja. Pero más que todo le cantas

a las ovejas y a la lana, a las bufandas tejidas,

a los suéteres y a las medias. Alabanzas a los abrigos

de todas las formas y colores. Alabanzas

al pobre cordero trasquilado.


Tu baile todo lo cura

En este país, el sábado en la noche

eres siempre el que mejor baila.

No era así cuando estabas en casa.

Aquí puedes usar los pasos

que allá están ya viejos, como mangos

en febrero o cambures en diciembre.

En este país a nadie le importa, no conocen

Spanish Town Road, nunca han bailado

frente a los faros de los autobuses

en la madrugada… aunque tú tampoco

lo has hecho; nunca bailaste bien de verdad

allá en casa. Nunca entraste

en el círculo de los elegidos —el más

sagrado de los lugares— donde solo

los buenos bailarines se atrevían a entrar.

Pero en este país te mueves como el fuego

entre el cañaveral, te mueves como el azúcar,

como el mar; dicen que eres como la punta

afilada de una navaja, eso te dicen.

Eres como la pomada que calma

una herida profunda. Te dicen

que tu baile todo lo cura.


Donde nos encontramos

En este país, un hombre con dreadlocks

que te encuentras en la calle te hace un gesto

para reconocer que vienes del mismo tiempo

o del mismo lugar en el que los dos encajarían.

Hay días en que quieres olvidarte que elegiste

esta vida, que es tan difícil adaptarte aquí

como fue difícil salir de allá.

Le devuelves el gesto porque hoy

quieres culpar al sistema o al racismo

o a cualquier otra cosa. Porque no es justo

que seas tan pequeño en este país tan grande.

Y si le devuelves el gesto es posible

que logres dormirte llorando esta noche.

Y eso es por lo menos un consuelo.

Y no vas a tener que aceptar, no todavía,

que lo único que al final dejamos atrás

es un poco de sal.


Qué rápido te acostumbras

En este país, cuando no tienes para comprar

más de una lata de ackee

es posible que uses hongos en su lugar.

Pero fíjate qué rápido te acostumbras

a este sabor que incluso en Jamaica,

donde el árbol de ackee de tu viejo

es suficiente para alimentar toda la calle,

vas a andar un día de estos buscando hongos.

Años después un periodista va a preguntarte

¿Cómo es para ti vivir aquí?

Y vas a responderle: es como el ackee

y los hongos en el mismo plato; es el modo

en que aprendes a ensanchar tu nación.

En este país no me he vuelto británico,

pero mi isla se ha vuelto más grande.

La democracia muere cuando hay censura. Hoy tú puedes ayudar a mantener el periodismo independiente solo con USD 3 al mes. ¡Aporta y sé parte de la solución!




Source link

Dejar un comentario

También pueden gustarte

Leer Más