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Teatro | Ramón Fontseré (Els Joglars): “El Me Too, o lo que le ha pasado a Woody Allen, es una barbaridad” – El Salto

Teatro | Ramón Fontseré (Els Joglars): “El Me Too, o lo que le ha pasado a Woody Allen, es una barbaridad” - El Salto


Casualidades de la vida: la entrevista a Ramón Fontseré, director de Els Joglars, tiene lugar el 11 de septiembre, cuando se celebra la Diada, la fiesta nacional en Cataluña. Resulta complicado imaginar una fecha más apropiada para preguntar al director de la veterana compañía de teatro catalana acerca de Señor Ruiseñor, un montaje estrenado en 2019 que se puede ver hasta el 20 de septiembre en los Teatros del Canal (Madrid).

Con una brocha excesivamente gruesa, Els Joglars pintan en escena un fresco satírico sobre lo sucedido en Cataluña durante la última década, retratando al independentismo como racista —defensor de la frenología, al menos—, excluyente y alucinado, una fábula engañabobos que promete la arcadia feliz de la república catalana mientras sus dirigentes se llenan los bolsillos. De las condenas de prisión a los cargos públicos que impulsaron la celebración del referéndum o de las hostias por parte de la policía a quienes fueron a votar aquel 1 de octubre de 2017 no hay rastro en la representación.

Frente a este movimiento que parodian como egoísta y alérgico a la inteligencia, la obra de Els Joglars sitúa a Santiago Rusiñol, artista catalán activo durante la bisagra entre los siglos XIX y XX que cultivó la pintura modernista y la literatura, en prosa y en verso. La recuperación de su figura —bohemio, adicto a la morfina, enamorado del arte y opuesto a todos los males que atribuyen al independentismo— aporta los momentos más destacados del espectáculo. El propio Fontseré, que lleva las riendas de Els Joglars desde 2012, cuando tomó el relevo a Albert Boadella, se encarga de dar vida a un personaje que, en su opinión, “representaba esa Cataluña abierta, plural, cosmopolita”.

Hoy es 11 de septiembre, no se puede encontrar una fecha mejor para entrevistar al director de Els Joglars sobre la obra Señor Ruiseñor.
Señor Ruiseñor es un producto, un reflejo, de la sociedad actual, y como artistas, como cómicos, tenemos que ponerlo sobre un escenario. El teatro es el reflejo de la sociedad, por tanto nos ha parecido que era un deber de artistas hacer una reflexión sobre la identidad, sobre los ideales, a través de este personaje tan fantástico, este catalán, Santiago Rusiñol, un ciudadano magnífico, un hombre que representaría la inducción a la vida sensual, un hombre de espíritu renacentista, porque no solamente era pintor, también coleccionista, dramaturgo, actor, cómico, él introdujo los grecos junto a Zuloaga. Es decir, representaba esa Cataluña abierta, plural, cosmopolita. Era un hombre destinado precisamente a ser un burgués, es hijo de la burguesía catalana, y él elige la libertad, elige el arte. Hacemos esta figura frente a las patrias identitarias.

Poner en solfa los tabúes de la sociedad es lo que tenemos que hacer los cómicos, con el máximo ingenio, la máxima astucia y también la máxima malicia

¿La obra es la misma en Cataluña y fuera de allí?

Sí, sí, sí, sí. La obra es exactamente igual. En Cataluña lo hemos hecho tres veces. Poco, pero es lo que hay. La reacción es catártica, muy positiva. Sobre todo, yo creo, porque es una obra de sentido común. Poner en solfa los tabúes de la sociedad es lo que tenemos que hacer los cómicos, con el máximo ingenio, la máxima astucia y también la máxima malicia. Hay mucha gente que coincide plenamente con lo que ve en el escenario y por eso esta obra tiene esa cosa tan magnífica del teatro que es la catarsis.

¿Y esas reacciones que despierta en el público son diferentes en Cataluña y fuera?

No, no, las reacciones son muy iguales, no hay diferencia. Lo que ponemos sobre el escenario es tan obvio y tan reconocible que la gente reacciona en los mismos momentos del espectáculo.

Señor Ruiseñor hace una caricatura grotesca e insultante del independentismo, en la que no caben matices. ¿Hay algo positivo en el independentismo catalán? 

No creo que sea insultante, creo que nos quedamos cortos. El teatro es el reflejo de la sociedad, ponemos sobre el escenario lo que realmente está ocurriendo, esa farsa, ese delirio, esa huida de la realidad. Santiago Rusiñol, a pesar de ser artista, bohemio, y de tener una vida libre, era un hombre de un gran sentido común. Su mujer y su hija decían que ellas no habían cometido muchas tonterías gracias a los consejos de él. Creo que lo que ponemos sobre el escenario es lo que tiene que hacer el artista.

Hay una frase cojonuda en Hamlet cuando Hamlet le dice a Polonio, al llegar a su castillo la troupe de cómicos que luego representarán la muerte de su padre, “cuida bien a los cómicos, que no les falte de nada, porque ellos son el compendio y breve crónica de los tiempos”. Es la misión que tenemos los artistas. Y creo que lo hemos hecho con mucha sutileza, es un espectáculo en el que hay mucha belleza. Señor Ruiseñor tiene la sátira necesaria. Un sitio donde se tiene que ser provocador es el escenario, es un sitio supremo de libertad. Tiene la sátira del Ubú president y la belleza del Daaalí.

¿No hay nada positivo entonces en el independentismo catalán?

Pienso que dividir a la sociedad, crear ese mal rollo entre familias, esas reacciones emocionales, ese decir que somos los mejores… No le veo ninguna ventaja. Hace cuatro días en Yugoslavia pudimos ver lo que era el nacionalismo. No creo que aporte nada nuevo. Soy partidario de la unión de los distintos, creo que es mucho más positivo en todos los sentidos, en la vida, en la política, en todo. Esto es lo que a mí me gusta.

Els Joglars Ramon Fontsere - 1
Ramón Fontseré lleva las riendas de Els Joglars desde 2012, cuando sustituyó a Albert Boadella.
David F. Sabadell

¿Desde qué lugar está escrita esta obra?

Desde el teatro, el humor, la sátira, el distanciamiento, desde un sitio en el que se puede desacralizar las cosas que nos hacen los poderosos y los políticos, gracias también a los medios que bombardean constantemente. El humor es indispensable, es lo que nos diferencia de los animales. Bueno, creo que hay algún animal que… [risas].

Yo diría que ese lugar es el hartazgo. 

También, puede ser, pero no está escrita desde un sitio grotesco sino desde un sitio con mucho arte. Es un plato cocinado, no un plato así como así.

¿Es el hartazgo un buen punto de partida para crear?

Es una reacción. Es lo más esencial que tenemos. Cuando ibas a la escuela y algún profesor te consideraba como un bicho, lo que te quedaba es el sentido del humor, intentar tomártelo así. Sin sentido del humor no hay sentido común.

En Cataluña una obra como esta es un ataque al poder, a la hegemonía del independentismo en el pensamiento, es una crítica feroz al orden establecido, de algún modo es ese contrapoder que la cultura también debe realizar. Sin embargo, diría que fuera de allí ocupa un posicionamiento diferente, se alinea junto a los discursos más duros del poder, de parte de las instituciones del Estado y algunos medios de comunicación que consideran que celebrar un referéndum sobre la independencia es una afrenta gravísima a la democracia. ¿Cómo manejáis esa dualidad?

No creo que… [duda]. El poder de los cómicos es el poder del humor, un poder higiénico, el poder de hacer pensar a la gente, presentarle o desvelarle una realidad insospechada que se oculta o el seductor mensaje de los políticos, de los poderosos. Desvelamos esa realidad tanto en Cataluña como aquí a través del teatro. Esto del procés no ha afectado solo allí sino a toda España. Queremos que la gente vea la otra cara, que reflexione, o al menos que dude, que piense “igual estábamos equivocados” o, al contrario, que salgan totalmente convencidos. Pero, como mínimo, que salgan con la certeza de que aquello que han visto igual no es tan cierto, a través del humor, entreteniendo.

¿No tienes esa sensación de la doble lectura de la obra, según donde se vea?

No, no. Hemos hecho bolos y no he notado esto.

¿Se dirige esta obra solo a votantes de Ciudadanos y lo que hay a la derecha de Ciudadanos?

Cuanto más público venga, mejor. Sean de Ciudadanos o de donde sea.

¿Qué te parece el aplauso a esta obra por parte de la derecha, un sector político que os ha censurado?

No sé el tipo de público… El aplauso es general. Ha habido épocas y épocas, y ahora estamos en esta. La gente que aplaude la obra es porque acepta el mensaje. El mensaje de Rusiñol es uno con el que poca gente puede estar en desacuerdo. La verdad, la virtud, la belleza, el arte, frente a la patria universal. Es un discurso que tiene poca duda.

Empecé en Els Joglars en los años 80, con el primer gobierno de Felipe González. El público que venía a vernos lo hacía como una especie de acto de afirmación, pero nuestra intención era que nuestros espectáculos abarcaran a cuanta más gente, mejor

¿Existe algo como el público objetivo al que Els Joglars os habéis querido dirigir?

No. Yo empecé en Els Joglars en los años 80, con el primer gobierno de Felipe González. El público que venía a vernos lo hacía como una especie de acto de afirmación, pero nuestra intención era que nuestros espectáculos abarcaran a cuanta más gente, mejor. Nuestro objetivo ha sido siempre llegar al mayor público posible.

Como artista, ¿te genera incomodidad que los votantes de Vox se rían con esta obra?

Primeramente tendríamos que ver si se ríen con esta obra, yo no tengo ni idea. Pero si pasan por taquilla y pagan, ningún problema.

No tengo ninguna mala conciencia si alguien de Vox viene a ver la obra, como si lo hace alguien de Podemos, a mí no me importa

¿Te preocupa que algunos de los gags de esta obra puedan ser usados por la extrema derecha?

No tengo ninguna mala conciencia si alguien de Vox viene a ver la obra, como si lo hace alguien de Podemos, a mí no me importa. No tengo ningún problema con que sea de Vox o de Ciudadanos o socialista. Al contrario, igual ha reflexionado y ha entendido alguna cosa o le ha dejado alguna duda.

¿No es darle munición, entre comillas, a quienes gritaban “a por ellos” jaleando a la Guardia Civil, o a quienes asaltaron el centro cultural Blanquerna en Madrid o a quienes justifican un atentado contra una compañía de teatro porque se ríe de la Iglesia en una obra?

No, no es esa la intención, es una obra que se ha pensado mucho y que refleja un momento, un compendio, es una crónica de los tiempos actuales. No creo que sea así.

En la obra se utilizan clichés para generar un estereotipo, un humor un tanto obvio, como la mención a “Carlitos Puigdemente” que bien podría firmarla Jiménez Losantos. ¿No se puede ridiculizar al independentismo con otras herramientas?

Sí, y también con esto. Esto es una pequeña anécdota, creo que hay toda una sustancia en el espectáculo que es mucho más profunda. Eso de Carlitos Puigdemente yo lo he oído en Cataluña, es popular, corre por ahí. Nos pareció que en ese diálogo podría aparecer.

Els Joglars Ramon Fontsere - 4

Fuera de las cuestiones catalanas, en la obra hay alusiones despectivas sobre manifestaciones o acciones de protesta, de desobediencia civil, y también sobre algunos temas planteados por los feminismos, que aparecen ridiculizados. ¿No es apoyar los ataques, en este caso con la burla, que desde el poder se lanzan contra movimientos que persiguen cambiar las cosas?

Depende de qué feminismo. ¿No se puede hacer humor con el feminismo ahora?, ¿es el nuevo puritanismo? Hay un feminismo que ha luchado toda la vida por las mujeres, pero yo creo que el Me Too, o lo que le ha pasado a Woody Allen, es una barbaridad. A ver si estamos perdiendo el sentido común, metiéndonos en ese neopuritanismo. Lo hacemos con humor, no creo que nadie se pueda molestar por esto. Pero bueno, es una de las cosas del teatro. El teatro, chico, es un espacio supremo de libertad, y eso se tiene que entender. Y nada más. Para eso estamos. Es un espacio supremo de libertad, es un sitio para hacer esto, no inventamos nada nuevo, es lo que hacía Aristófanes o Shakespeare o Molière o los cómicos de la Comedia del Arte, poner en solfa los tabúes de la sociedad.

Las cosas tienen que cambiar con un cierto sentido común y para bien, no es que pidamos nada más. Tampoco entiendo la pregunta que me haces, la verdad

No lo preguntaba porque alguien se pueda molestar con la obra, sino porque si desde un escenario te ríes de los feminismos, que pretenden y han cambiado las cosas, de algún modo te alineas con lo que al poder le conviene, que es que las cosas no cambien.

Bueno, mira, cambiar las cosas, qué cosas… Yo creo que las cosas tienen que cambiar con un cierto sentido común y para bien, no es que pidamos nada más. Tampoco entiendo la pregunta que me haces, la verdad.

¿Hay algún artista o personalidad similar a la de Santiago Rusiñol en la actualidad?

En Cataluña, Albert Boadella, creador de la compañía y mi referente. Ha habido Plás, Dalís, personajes muy potentes, pero sí que harían falta más. Creo que con Santiago Rusiñol la cantera se extinguió. Boadella ha sido una especie de Santiago Rusiñol, un artista que ha sabido luchar por la sociedad, ponerla sobre el escenario para mostrar los fallos y desvelar, lo que te decía antes, la otra realidad insospechada.

¿Has mantenido una línea continuista o de ruptura al frente de El Joglars con respecto a lo que hacía Boadella?

Els Joglars tiene una ética y una estética y yo las he intentado mantener, con mi personalidad y la de mis compañeros. La personalidad artística de Albert Boadella es muy potente y yo tengo otra. Hemos intentado que esta cosa tan fantástica de hacer teatro de esta manera tan especial, a 100 kilómetros de Barcelona en una cúpula, apartados del mundanal ruido, no se pierda y dure lo máximo posible. Pero es diferente, claro.

Me gustaría que se hiciera un teatro ecléctico, para todos los públicos y todas las clases, realmente un teatro popular al que pudiera venir todo el mundo, que se hicieran espectáculos desde zarzuelas a ballets, desde teatro de bulevar a teatro vanguardista

Hace unos meses, el hispanista francés Gérard Brey, que ha estudiado lo que llama el teatro de la huelga, representado en España entre 1890 y 1923, me dijo que “la clase obrera y sus luchas ya no interesan a las clases medias, las que todavía van al teatro y de las que proceden los autores”. ¿De qué modo la clase social es un factor que influye en lo que se representa?

A mí me gustaría que se hiciera un teatro ecléctico, para todos los públicos y todas las clases, realmente un teatro popular al que pudiera venir todo el mundo, que se hicieran espectáculos desde zarzuelas a ballets, desde teatro de bulevar a teatro vanguardista. Esto es lo que tendría que pasar, ser atractivo para todos los tipos de público y todas las clases sociales.

Pero si quien escribe novelas, dirige películas u obras de teatro solo pertenece a la clase alta, ¿cómo afecta a lo que se puede leer o ver en las carteleras?

Creo que no depende de la clase social sino del talento y la manera en la que se hace, no sé si vas por ahí. Cuando Chaplin hace El gran dictador, lo importante es la manera en la que lo hace para que sea para inteligible y atractiva para todos. No creo que la clase influya, me imagino que lo que un creador quiere es que su obra llegue a la mayor cantidad de gente.



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