Política

Socavar las bases de una falsa democracia, por Iván Zambrano Bencomo

Socavar las bases de una falsa democracia, por Iván Zambrano Bencomo


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En la película “Experta en crisis” la estratega electoral Jane Bodine (Sandra Bullock), concluye: “Si el voto cambiara las cosas, lo prohibirían”. En Venezuela está prácticamente prohibido.

Hace 50 años cuando nos separamos de toda militancia partidista, decidimos organizar reuniones para todos los líderes sociales y culturales conocidos que estaban activados con propósitos de cambio. A esas reuniones invitábamos a dirigentes de todas las tendencias: socialdemócratas, pro-chinos, democratacristianos, socialistas, anarquistas, etc. En una de esas reuniones un importante líder político nos dijo, algo más o menos así: “los eventos políticos más importantes en donde se decide estratégicamente, básicamente los únicos en donde se confronta realmente el poder, son las elecciones”.

Otro dirigente político: Domingo Alberto Rangel, contó que en una ocasión estaban reunidos con el Che Guevara para evaluar que se viniera a luchar en Venezuela y este, según DAR, respondió que: en Venezuela no tendría éxito la lucha guerrillera porque era muy dominante la idea de la democracia en la gente. Eso sucedía en los 60 a pocos años de iniciado el período democrático en el país.

*Lea también: La señora García, por Bernardino Herrera León

Esos tres elementos mencionados: el poder de cambio del voto, lo estratégico de las elecciones y el arraigo de la democracia en la gente, me dicen que realmente la participación es determinante en la lucha por el poder en la Venezuela actual y por eso el gobierno, los manejadores o élite dominante, destruyen el poder del voto creando desconfianza en todo lo que significa.

De alguna manera las acciones del régimen responden a lo que señala el personaje de experta en crisis: prohíben el voto porque puede hacer que cambien las cosas.

Quienes crean que las llamadas “guerras sucias” solo se utilizan en las campañas electorales, no se han dado cuenta que esta es una guerra de largo aliento que tiene rato disparando mentiras y matando o “prohibiendo el voto” como salida a la crisis.

Plantando la mentira, jugando con la opinión pública con base en rumores, noticias falsas o “fake news”, la idea queda plantada en la cabeza de las personas y se crea la duda. Para lograrlo se montan laboratorios, “tribus”, “tropas” o granjas de activistas que se dan a la tarea de difundir por las redes esas informaciones falsas. Han sembrado tal nivel de desconfianza en las elecciones, los partidos, los líderes, que ya nadie cree en nadie y mucho menos en las formas de lucha pacificas o no violentas.

En una entrevista el economista Ricardo Hausman afirmaba que el pueblo ha sido “desempoderado”, que la intención de las élites del poder ha sido destruir las posibilidades de decidir de la gente. Y yo digo: se ganaron la confianza para que les dieran el voto, ofreciendo aumentar el poder de la gente con la participación y lo que hicieron fue construir un sistema totalitario que a través de la dependencia elimina la autonomía, la dignidad y hasta la condición humana de decidir. Es decir desempodera al ciudadano convirtiéndolo en un siervo del poder, en lugar de un ciudadano de la República.

Le mintieron al país y en especial al pueblo que decían defender. Mintieron para tomarse el poder y enriquecerse. Engañaron ofreciendo más democracia y crearon un monstruo totalitario enemigo de la participación y la democracia

Una estrategia para recuperar el poder de cambio del voto pasa por pelear los espacios y enfrentar las maniobras que impidan que el voto elija. En este momento histórico una estrategia por elegir puede significar romper el abatimiento y generar movilización.

Hay una intervención absoluta de las élites del poder para evitar que el pueblo elija. Nada favorece al gobierno para ganar el voto, así que debe acudir a todas las formas de fraude, extorsión, intimidación y sobre todo a generar un aparente proceso institucional de elecciones.

Todas las señales son para que buena parte del 80% que rechaza al gobierno se abstenga y gran parte del liderazgo opositor este convencido que así no se puede.

Incluso participando y ganando todavía el gobierno tiene dos herramientas para ganar perdiendo:

  1. Una ya esta iniciada: su instrumentación con la misma resolución con que el TSJ nombra el CNE puesto que allí cambia las reglas de juego y con esa modificación difícilmente la oposición podrá lograr la mayoría parlamentaria que logró en las elecciones del 2015. La elección proporcional y la modificación de las cantidades de diputados es una jugada iniciada.
  2. La Segunda herramienta es que la elección no elimina la ANC y esta con su autonombrado ultra-poder, seguiría legislando en paralelo e imponiendo cosas que la Asamblea que salga electa pudiera tratar de evitar.

Siendo que el sentimiento mayoritario es querer elecciones presidenciales y no otras, la participación será escasa. Con todo lo anterior el piso está hecho para que en unas parlamentarias la abstención gane y por tanto se pierda del reducto institucional de la oposición.

¿Cómo entonces recuperar el sentido del voto? ¿Pueden las organizaciones políticas o la sociedad civil ser capaces de afrontar la decisión y correr el riesgo de hacer lo que menos se espera? Algo como lo que ocurrió en el año 52. En aquella elección cuestionada y con toda las de perder, el principal partido llamo a abstención y sin embargo le gente voto por URD. El pueblo gano aunque después la dictadura arrebato el triunfo. Pero esa demostración de mayoría es lo que puede romper la unidad que sostiene al régimen.

Se trata de hacer algo como lo que hicieron los habitantes de la ciudad sin nombre en la novela “Ensayo de la Lucidez” de José Saramago:

“Durante las elecciones municipales de una ciudad sin nombre, la mayoría de sus habitantes decide individualmente ejercer el derecho al voto de manera inesperada. El gobierno teme que ese gesto revolucionario sea capaz de socavar los cimientos de una democracia degenerada…”

En este momento es necesario evidenciar la mayoría, evidenciar que se tiene suficiente apoyo para generar un cambio. Para lo cual hay que crear las posibilidades de medirse. Ya hubo algo parecido en aquella consulta del 16 de julio que, por fuera del CNE y sin Plan República, algo netamente civil, convoco a la gente y a pesar de las amenazas e incluso del asesinato de una señora en un centro electoral en Catia, la gente voto.

Hay que ser creativos y sorprender, quizás la formula sea convocar a la elección de la Asamblea del Pueblo, algo simbólicamente contundente capaz de “socavar los cimientos de una falsa democracia”.

En todo caso, sea que se llame a abstención, que se decida votar o se invente una elección debe existir una estrategia que saque provecho del resultado de esa gran movilización y marque un rumbo unitario hacia el cambio.

Cineasta. Comunicador Social. Magister en Ciencia Política. Profesor Jubilado del a UCV

Consultor en Proyectos, Mercadeo Social y Comunicación para el Desarrollo.


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