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Sanidad pública | Sanitarias que renuncian a su puesto en Atención Primaria: “No se puede ejercer así” – El Salto

Sanidad pública | Sanitarias que renuncian a su puesto en Atención Primaria: “No se puede ejercer así” - El Salto


Beatriz Aragón, Clara Benedicto y Cristina Sanz Plaza son médicas de Atención Primaria. Acaban de renunciar a sus puestos ante el caótico panorama que vive su área en la segunda ola de la pandemia. Las tres consideran que su renuncia es la mejor manera de manifestar su disconformidad con la falta de recursos “que recae íntegramente sobre los pacientes” y quieren hacerla pública para “visibilizar el problema”.

“Esto no es una cosa nueva, en los últimos años muy pocos siguen trabajando en primaria; de la gente que acabó conmigo la residencia estamos la mitad. Es un sistema que nos forma y nos expulsa”, explica Aragón. No en vano, según los datos del Consejo General del Colegio de Médicos (CGCOM) durante 2019 aumentaron casi un 20% el número de certificados de idoneidad expedidos para trabajar en el extranjero. Los médicos de familia lideran estas peticiones. “Para mí no es un plato de buen gusto abandonar el trabajo que ha sido mi pasión, pero atañe a mucha más gente y el problema hay que hacerlo colectivo”, concluye esta doctora, que ha trabajado durante más de 13 años en el poblado madrileño de la Cañada Real.

“La precariedad laboral que existe en enfermería es tan bestia que incluso queriendo mantener un vínculo con los pacientes es muy difícil, cambio de consulta cada 10 días”.

A las condiciones caóticas se une la precariedad en el caso de las enfermeras. María —nombre ficticio— ha decidido abandonar su centro de salud en Carabanchel (Madrid) tras encadenar 24 contratos desde marzo. Asegura que su trabajo ha servido “para cubrir huecos”. “No hay una bolsa específica de Atención Primaria. A pesar de que existe la especialidad desde hace 11 años no se reconoce a nivel laboral. Te ofrecen suplencias cortas, bajas laborales. La precariedad laboral que existe en enfermería es tan bestia que incluso queriendo mantener un vínculo con los pacientes es muy difícil, cambio de consulta cada 10 días”.

‘APAGANDO FUEGOS’ EN LA CAÑADA REAL

El trabajo de Beatriz Aragón se basaba en recorrer el asentamiento chabolista de la Cañada Real Galeana, localizado en una antigua vía pecuaria que se extiende durante 15 kilómetros, a lomos de una furgoneta. Contaba con un teléfono donde la gente iba demandando sus servicios. “Hacemos lo mismo que en un centro de salud pero de forma móvil”, recrea. “El centro de salud que les pertenece, el del Ensanche de Vallecas, está colapsado y nosotros hemos estado haciendo trabajo presencial todo el tiempo, bajando al barrio. Cuando la gente no se podía mover y estábamos allí hemos servido para todo, desde ayudar a conseguir el número de la Seguridad Social para gestionar el Ingreso Mínimo Vital, a gestionar peticiones de ayuda alimentaria”, asegura.

”Lo de reforzar la atención primaria sonaba sarcástico, en mi servicio en concreto no se ha reforzado nada“, afirma Beatriz Aragón, que ejercía como médica en la madrileña Cañada Real

Aragón define su tarea como un continuo “apagar fuegos” en el que “cada vez hacía menos cosas de Atención Primaria”. “Durante la pandemia los primeros meses trabajamos muchísimo pero era lo que había que hacer, llegó como una ola, pero cuando ves que la cosa mejora desde el punto de vista epidemiológico y no se hace una planificación para adecuar las condiciones… Lo de reforzar la Atención Primaria sonaba sarcástico, en mi servicio en concreto no se ha reforzado nada”, denuncia. “Y en el centro de salud lo que se hizo fue poner un refuerzo de una persona sin especialidad que acababa de hacer el MIR y que podía hacer algunas funciones de triaje”, añade.

Entre febrero y septiembre solo se han contratado a 46 médicos de familia en la comunidad de Madrid

Además de esto, y ante las quejas de oposición y colectivos sanitarios por la ausencia de nuevas contrataciones para llevar a cabo la tarea de rastreo en la Comunidad de Madrid, sobre el equipo de Beatriz recayó esa labor. Un rastreo que les impedía hacer Atención Primaria y que además considera “poco efectivo” pues “los resultados de las pruebas estaban a los 10 días y los aislamientos eran muy precarios”. Así pues, finalmente, decidió renunciar “porque ya no puedo más, no puedo dar la atención que la gente necesita con las condiciones que había”, y así lo anunciaba el pasado 24 de octubre con un hilo en Twitter.

REFUERZOS INSUFICIENTES

Corría abril cuando desde la Comunidad de Madrid se prometía la contratación de 10.100 profesionales extras en el Servicio Madrileño de Empleo (SERMAS). Según los datos que publica esta administración en septiembre estos refuerzos se reducen a 7.867. De estas cifras, la Atención Primaria sale muy mal parada. Así entre febrero y el pasado mes solo se han contratado a 46 facultativos de medicina familiar. Han pasado de ser 4.057 en febrero a 4.103 en septiembre. Y la doctora Clara Benedicto da fe de ello. “En mi centro no se ha reforzado absolutamente a nadie”, admite esta facultativa, que llevaba desde 2015 en un centro de salud de Parla.

“Muy al principio de la pandemia nos pusieron una enfermera que nos ayudó en triaje pero al poco tiempo se la llevaron a los grupos de pruebas a domicilio. Era un refuerzo francamente insuficiente y no hemos visto nada más a pesar de denunciar que la situación era cada vez peor. En Parla somos cuatro centros de salud, en uno de los centros el refuerzo que han puesto durante el verano fue un estudiante de medicina sin especialidad. Este es el único refuerzo que han puesto en todo Parla, hasta donde yo sé”, explica contundente. “Son contratos que son un insulto para la atención primaria y muy precarios”, valora. Y, ante estos “insultos”, a principios de octubre decidió pedir una excedencia.

Benedicto asegura que la situación ya era complicada antes de la pandemia. Al trabajar en la periferia sur, que son zonas “especialmente mal cubiertas” llevaban más de un año repartiendo bajas maternales, laborales y reducciones de jornada. No podían dedicar más de seis minutos a cada paciente. “La semana de antes del estado de alarma la mayoría de compañeras del turno de tarde teníamos dos semanas de demora de citas”, cuenta. Y tras el estado de alarma “la sobrecarga se desbordó por el establecimiento de circuitos covid, el aumento de la burocracia para dar bajas y atender todo lo pendiente de los pacientes sin covid”.

“He decidido dejarlo ahora y no antes con la sensación de haber hecho todo lo que se nos ha ocurrido. La perspectiva de mejora se va diluyendo. El agotamiento y la desesperanza aumenta y la esperanza de que a corto o medio plazo fuera a mejorar para mí era ninguna”

“He decidido dejarlo ahora y no antes con la sensación de haber hecho todo lo que se nos ha ocurrido. Peticiones a gerencia, denuncia en redes sociales, militar en distintos colectivos… y ver que nada de eso mejora nuestra situación. La perspectiva de mejora se va diluyendo. El agotamiento y la desesperanza aumenta y la esperanza de que a corto o medio plazo fuera a mejorar para mí era ninguna”, sentencia.

MEDICINA ALEJADA DE LA EQUIDAD

En septiembre nació el movimiento ‘Yo renuncio’ como una invitación colectiva a dejar los puestos de trabajo en primaria. Cristina Sanz Plaza ha decidido secundarla, abandonando su vocación, recién estrenada tras acabar la residencia en el centro de salud Vicente Soldevilla de Vallecas (Madrid). En los últimos días atendía a más de 80 pacientes por día.

“Yo no me voy porque esté agotada, renuncio porque desde mi punto de vista se está vulnerando el derecho a la salud de las personas. No quiero seguir trabajando en un contexto así, sin una sanidad universal para todas“

“Yo no me voy porque esté agotada, renuncio porque desde mi punto de vista se está vulnerando el derecho a la salud de las personas. No quiero seguir trabajando en un contexto así, sin una sanidad universal para todas. Para mí lo que prima en mi decisión es que no se puede ejercer la medicina de familia en la que yo creo”.

Sanz hace hincapié en que no se está apostando por un modelo sanitario que incida en paliar las inequidades, sino en el modelo hospitalocentrista de IFEMA y del nuevo megacentro de Valdebebas que prepara la presidenta, Isabel Díaz Ayuso. “Priman otro tipo de intereses como los económicos por encima de la salud. Priman los votos y la foto delante del hospital. No prima mirar hacia el más desfavorecidos, los más vulnerables nunca están en el centro”, denuncia.

Eso sí, tiene claro que “los médicos no debemos estar en el centro del discurso”. “Aquí las médicas somos privilegiadas, si quiero tengo trabajo. Yo soy muy idealista y no siento que ahora mismo pueda ejercer esa medicina en la que me he formado. Me voy con una ONG internacional que justo hace énfasis en el ámbito de los más vulnerables, en la salud en prisiones. Para mí se debería poner el foco en que nos estamos dejando por el camino la salud de las personas”.

María, enfermera de primaria, pertenece a un colectivo más precarizado. “A los médicos les ofrecieron contratos precarios pero con cierta continuidad de seis meses. En nuestro caso ni siquiera eso. Ahora están ofreciendo contratos de refuerzos covid que van a durar hasta diciembre y se van a dedicar solo a hacer PCR. Eso no es hacer Atención Primaria”, avisa.

“Yo decido dejarlo cuando se acaba el último contrato. Me han seguido ofreciendo días sueltos pero no puedo trabajar así, no puedo brindar la asistencia que la gente se merece».

“Yo decido dejarlo cuando se acaba el último contrato. Me han seguido ofreciendo días sueltos pero no puedo trabajar así, no puedo brindar la asistencia que la gente se merece. No me puedo parar en profundizar en lo que le pasa a nadie. No podemos seguir así”, concluye.





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