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Pobreza energética | El ayuntamiento de Madrid sigue sin responder a la demanda de luz para la Cañada Real – El Salto

Pobreza energética | El ayuntamiento de Madrid sigue sin responder a la demanda de luz para la Cañada Real - El Salto


Más de un centenar de mujeres, vecinas de la Cañada Real, trasladaron en la mañana de este martes a las mismas puertas del Ayuntamiento de Madrid su reclamo por la restitución del servicio de electricidad para las 800 familias que viven en el sector 6 del barrio y que lleva 45 días sin suministro eléctrico. “La luz no es un lujo, es un derecho”, reclamaron a viva voz durante más de dos horas, secundadas por un grupo de hombres que protestaban en un discreto segundo plano.

Están “cansadas” de reuniones entre cuatro paredes con señores de corbata que sonríen, pero no acercan soluciones (señores sí, y no es machismo de este escriba). Agotadas de promesas y acciones en un barrio que muchas veces demasiadasqueda tan lejos de los focos de las cámaras. Por eso se plantaron a las puertas del Ayuntamiento a demandar por un derecho tan elemental, para intentar que alguien las escuche en serio antes de que llegue lo más crudo del invierno y sea tarde para lamentos.

“Queremos que se nos garantice el suministro eléctrico los 365 del año. Los chicos y chicas están en época de exámenes, se sienten discriminados. Por el hecho de vivir en la Cañada ya lo están y ahora que no se pueden asear ni llevar una vida normal, mucho más”

“Queremos que se nos garantice el suministro eléctrico los 365 del año. Desde el 2 de octubre llevamos 45 días sin luz. Esto afecta a unas 800 familias y unos 1.500 niños y niñas. Con el invierno y con el covid-19 se agrava mucho más, los chicos y chicas están en época de exámenes, se sienten discriminados. Por el hecho de vivir en la Cañada ya lo están y ahora que no se pueden asear ni llevar una vida normal, mucho más”, explica Raquel Pérez, vecina e integrante de la Comisión por la Luz.

Según explica, el problema empezó a agravarse en diciembre de 2019. “Nos cortaban la luz desde las 8 de la noche hasta las 23.30, luego había averías porque el cableado es antiguo y lo entiendes. Pero esto ya no, ya es inhumano, no se puede”, exclama y recuerda que en su sector están esperando el realojo “pero está firmado el Pacto regional por la Cañada Real donde se establece que desde la firma hasta que se produzca el realojo, tenemos derecho a todos los suministros”.

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Concentración de habitantes de la Cañada Real para reclamar acceso a la electricidad.
Laura Carrasco Ortíz

Raquel lleva 11 años viviendo en la Cañada y se confiesa “cansada de pedir que le instalen un contador” y de las versiones de que quieren la luz gratis. “Queremos pagarla, siempre hemos pedido contadores y si no los quieren poner no es nuestra culpa, pero que nos garanticen el servicio, es necesario”, concluye.

Para la presidenta de la Asociación Cultural Tabadol, Houda Akrikez, “están a la espera de más reuniones”, pero siente que “desgastan cuando no se ve la luz, siempre a oscuras”. Y enumera encuentros con el Comisionado de la Comunidad de Madrid, del Ayuntamiento, cuerpos de policía, “ayer mismo el Defensor del Pueblo” y diputados de Más Madrid. Pero siguen esperando respuestas.

“Las mujeres estamos aquí porque somos las que nos pasamos el día en los cuidados de los niños pequeños que no van al cole, los bebés. Esta es la fuerza de la mujer árabe, que siempre aquí en Europa se habla de la discriminación a la mujer y aquí tenemos referentes positivos de mujeres marroquís luchadoras que quieren y saben cuáles son sus derechos, y saben y respetan cuáles son sus deberes”, enfatiza.

«La Cañada es un barrio más de la Comunidad de Madrid, somos personas trabajadoras, que pagamos la seguridad social y lo único que queremos es pagar el suministro eléctrico”

Lubna, también integrante de la Comisión de Luz entiende que “urge” una respuesta. “La demanda está muy clara, queremos suministro eléctrico en nuestros hogares. Tenemos menores, mayores, gente enferma, que tiene que estar enganchada al suministro y no lo está pudiendo hacer, gente que es diabética y tiene que tener las inyecciones en sus neveras y las neveras están apagadas, menores que por la causa de falta de suministro se están poniendo enfermos. ¡Por favor! Somos humanos y creemos que tenemos los mismos derechos. La Cañada es un barrio más de la Comunidad de Madrid, somos personas trabajadoras, que pagamos la seguridad social y lo único que queremos es pagar el suministro eléctrico”, remarca.

El relato de las dificultades que conlleva vivir 45 días sin luz se repite en cada testimonio. Repercute en todos los ámbitos del quehacer diario de las familias, en especial en las personas más vulnerables, si es que en estos niveles de exclusión hay posibilidades aún, de medir la vulnerabilidad. Según cuentan las vecinas, las recomendaciones ante el covid-19 en gran parte son imposibles de llevar a cabo. “Si me dicen en el colegio de mi hija que la ropa la tengo que lavar a 40 grados ¿Cómo lo voy a hacer? No puedo, no tengo suministro en casa, lavando la ropa a mano y que con el frío apenas se seca”, explica Lubna.

Concentración Cañada Real en el Ayuntamiento - 1
Concentración de habitantes de la Cañada Real para reclamar acceso a la electricidad.
Laura Carrasco Ortíz

Más allá de la ropa las posibilidades de estudiar también se ven afectadas. Así lo cuenta Rocío de la Asociación El Fanal, que llevan 20 años desarrollando proyectos socioeducativos en el barrio. “Estamos, intentamos mantener un poco en la medida de nuestras posibilidades la normalidad del día a día mientras haya luz solar. Cuando no la hay, pues fatal”, reitera.

El centro en el que comparten con otras entidades tiene seis aulas a las que por la tarde asisten alrededor de 170 menores y adolescentes que reciben apoyo en tareas de estudio y ocio, y por las mañanas reciben formación personas adultas, además de una ludoteca para bebés de 0 a 3 años. Los fines de semana tienen proyectos de ocio.

“Estas mujeres son muy fuertes, llevan mucho tiempo batallando. Hoy es la luz, ayer era el aislamiento”

“La gente lo que te cuenta es desesperación, al final estar 24 horas sin luz es muy duro, no solo por el tema de alumbrarse, sino alimentación, higiene, todo. Los peques están tristes, se los ve tristes. Y los jóvenes están enfadados, pasan a estar enfadados, en un año como este donde casi la mitad de sus clases son online no pueden seguir el curso porque ni siquiera pueden cargar su teléfono. Han estado durante el confinamiento haciendo un esfuerzo para seguir sus clases en el móvil, pero ahora ya ni siquiera tienen opción de cargarlo. Es muy complicado”, relata, y destaca la fuerza de esas mujeres que gritan. “Son muy fuertes llevan mucho tiempo batallando, hoy es la luz, ayer era el aislamiento”, finaliza la portavoz de la Asociación El Fanal.

Para Beatriz, que fue médica en el barrio durante doce años, la situación es “insostenible”. “No hay frigoríficos y allí hay apenas tiendas, entonces tienen que ir todos los días a comprar comida y hay mucha gente que no puede. Y en términos de salud, ahora mismo con el frío que hace tienen que estar en unas casas sin calefacción y sin luz. Las personas enfermas, por ejemplo, las que tienen oxígeno domiciliario, sin tener luz es imposible y hay fármacos que necesitan refrigeración, pero no pueden. Entonces son condiciones en las que hay un montón de niños desprotegidos y esto los afecta directamente a la salud”.

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Concentración de habitantes de la Cañada Real para reclamar acceso a la electricidad.
Laura Carrasco Ortíz

“Estamos por un lado con esta consigna de quedaros en casa, todo el mundo limitar las actividades sociales, pero en qué casa te vas a quedar cuando la tuya no cumple ningún tipo de condición. En un momento de pandemia esto es mucho más cantoso. Es lo que dicen las familias, llevan más de un mes sin luz, una mujer decía recién es que la ropa está congelada. Esto tiene unas repercusiones sobre la salud de la gente a nivel colectivo, comunitario, brutal. Y yo creo que las instituciones deberían hacer algo porque hay unos derechos de la infancia que no se están cumpliendo”, reclama.

El final de la protesta marca el camino de regreso al barrio, a unos 16 kilómetro del Ayuntamiento. A metros de allí, donde protestan, el alcalde José Luis Martínez Almeida ha ordenado para estas navidades millones de lámparas con los colores de la bandera de España. Contrastes, luces y sombras, entre la exclusión y el despilfarro.



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