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Paraísos fiscales | ¿Qué pasaría si todos los países de Europa fueran paraísos fiscales como Irlanda y Holanda? – El Salto

Paraísos fiscales | ¿Qué pasaría si todos los países de Europa fueran paraísos fiscales como Irlanda y Holanda? - El Salto


“Pues si a Irlanda y Holanda les va bien siendo un paraíso fiscal, convirtamos España en uno”. No falla. Siempre que se critica las políticas de fiscalidad laxa de países de dentro o fuera de la Unión Europea, alguien pronuncia una frase en esa línea. Existe la creencia de que una rebaja en los impuestos siempre se traduce en una mejora para el país, ya que atraería a muchas empresas a su territorio y, al final, aunque los tipos impositivos sean menores, la recaudación será mucho mayor.

Pero la realidad es que la ventaja y atractivo que tienen esos países para atraer a esas empresas suele ser únicamente esa baja fiscalidad o el secreto bancario. Muchas de las sedes de esas multinacionales en esos territorios son pequeñas oficinas con pocos empleados que centran sus esfuerzos en centralizar o atraer los beneficios obtenidos en otros territorios mediante ingeniería fiscal o técnicas de transferencia de beneficios que erosionan las ganancias obtenidas en países con impuestos más altos. Si todos los países igualaran esos atractivos, poco o nada diferenciaría a esos Estados a los ojos de las multinacionales, al menos por la parte fiscal.

El Impuesto de Sociedades (IS) y sus exenciones ha sido la principal arma de varios países en la guerra fiscal que se libra dentro de la Unión Europea. Irlanda bajó su IS al 12,5%, en Países Bajos no se paga por los beneficios que reportan los royalties o derechos de marca que se obtengan de otros países, en Luxemburgo no tributan los repartos de dividendos y otros tipos de instrumentos de inversión, como fondos y sicavs, en Malta apenas tributan las empresas de publicidad y otros servicios de internet, lo que ha convertido a la isla en la capital mundial de las empresas de apuestas online.

Esta concepción del IS, en la que se paga en el lugar donde la empresa tiene su domicilio, ha conllevado a estos países a atraer a sus territorios a las grandes empresas transnacionales, desatando esa competencia fiscal a la baja, según explica a El Salto Carlos Cruzado, presidente del Sindicato de Técnicos del Ministerio de Hacienda (Gestha). “Esa descapitalización del impuesto, de seguirse por todos los países, conduciría a la práctica desaparición del mismo, con el deterioro para las arcas públicas que conlleva”. 

Esa carrera a la baja a la que se refería Cruzado puede tener graves consecuencias, tanto para los Estados como para el resto de contribuyentes. En el Estado español el IS es el único impuesto que no ha recuperado su nivel de recaudación de 2007, año anterior a la crisis financiera. De hecho, según explica el inspector de Hacienda, actualmente se encuentra al 50% de lo que se recaudaba hace 13 años. En cambio, los impuestos que recaen sobre la ciudadanía, IRPF e IVA, ya alcanzaron esos niveles precrisis en 2014 y actualmente están un 20 y un 30% por encima de aquellos ingreso, “a pesar de que los beneficios empresariales, antes de impuestos y después de realizar los ajustes intragrupos, han aumentado un 23,3% en ese mismo período de tiempo”, matiza.

En 2007, el Impuesto de Sociedades aportaba al Estado 44.823 millones de euros, un 22,3% del total. En 2019 solo 23.733, un 11,9%

En el año anterior a la crisis, 2007, el IS aportaba a las arcas españolas 44.823 millones de euros, un 22,3% del total de los ingresos del Estado, frente a los 72.614 recaudados mediante del IRPF y los 55.851 en concepto de IVA. El año pasado, tal y como explicaba Cruzado, el IRPF y el IVA ya habían recuperado e incluso superado los valores precrisis, en cambio el IS tan solo recaudó 23.733 millones de euros, un 11,9% del total.

Esa carrera no es nueva y se nota bastante en la Unión Europea (UE). En las últimas dos décadas, 27 de los 28 Estados miembro han bajado el tipo impositivo a las empresas. En la otra cara de la moneda fiscal, 20 de esos países han elevado el IVA en lo que va de siglo. Que paguen menos las empresas y que lo soporten los consumidores con un impuesto regresivo ha sido la tónica general de Europa en los últimos años. “Las propuestas de continuar subiendo los impuestos indirectos, como el IVA, ahondan en la línea de grabar en mayor medida a quienes dedican el 100% de su renta a consumir, por carecer de posibilidad de ahorro”, específica Cruzado.

Paraísos de exenciones

Pero el tipo impositivo que marcan las legislaciones de cada país tampoco marca lo que pagan realmente las empresas. El tipo efectivo, aquel porcentaje que pagan las sociedades después de esos ajustes y exoneraciones, es lo que realmente les importa. Ese es, por ejemplo, el principal atractivo de Holanda. Su tipo impositivo de sociedades tiene niveles parecidos al resto de países, pero los beneficios obtenidos por royalties o derechos de marca no pagan nada. Esta triquiñuela en forma de exención es la que favorece, por ejemplo, que la dueña de todas las marcas de Inditex sea una pequeña filial holandesa llamada ITX Merken. Esta pequeña sede holandesa de Amancio Ortega es la dueña de los derechos de todas las marcas del grupo, como Zara o Bershka. Las filiales que controlan las tiendas de toda la UE pagan un canon a la filial holandesa por el uso de la marca, erosionando el beneficio en los países donde realmente venden la ropa, para luego pagar apenas impuestos allí.


Inditex


Zara no es una marca española

Un entramado de empresas y filiales en países europeos con una fiscalidad más favorable conforman la estructura financiera que enriquece a Amancio Ortega

“Las empresas no fijan tanto la atención en el tipo nominal, sino en el tipo efectivo, que es aquel que redunda en el tipo resultante tras las deducciones”, explica a El Salto Daniel Albarracín, economista y sociólogo que actualmente es consejero de la Cámara de Cuentas de Andalucía y que, durante la pasada legislatura europea, trabajó en el Parlamento Europeo. “Emplean una estrategia de efecto sede fiscal que les permite operar allí donde los mercados finales, con mayores beneficios, o allí donde los costes de producción y laborales son menores, pero que sea compatible con la aplicación de diferentes juegos intragrupo, como son los precios de transferencia, los préstamos intragrupo, o la asignación de la propiedad intelectual que les permita aflorar beneficios ciertas filiales en determinadas jurisdicciones fiscales con bajo nivel de tributación, mientras que puedan reflejar pérdidas o bajos beneficios donde son altos”, lamenta.

Entre Holanda, Irlanda y Luxemburgo hacen perder 39.900 millones de dólares en ingresos fiscales de empresas al resto de países, según la Tax Justice Network

Con este tipo de prácticas, según la red internacional Tax Justice Network, en su último análisis sobre datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) publicados recientemente con datos de los informes país por país, en los que las grandes multinacionales están obligados a declarar cuánto generan en cada territorio en vez de presentar cuentas consolidadas, los paraísos fiscales empresariales son responsables de que el resto de gobiernos del mundo dejen de ingresar 117.000 millones de dólares en impuestos de sociedades. El ránking de los países más lesivos para el resto lo encabeza Países Bajos (24.000 millones de dólares), seguido por el territorio Británico de Ultramar de las Bermudas (10.900 millones de dólares), el territorio estadounidense Puerto Rico (9.000 millones de dólares), Luxemburgo (8.000 millones de dólares) e Irlanda (7.900 millones de dólares). Entre los tres países de la Unión Europea que ofrecen este tipo de fiscalidades laxas a las multinacionales hacen perder 39.900 millones al resto.

¿Y si lo bajan todos los países?

Esa carrera a la baja tendría graves consecuencias para todos. La competencia entre Estados podría llegar al caso extremo de la tributación nula, lo que, lógicamente, llevaría a una recaudación fiscal del IS también nula. “La caída de la recaudación empobrece al erario público y esto se traduce en una incapacidad de las políticas públicas de llevar a cabo inversión y gasto público en áreas esenciales”, explica Albarracín en referencia a los bienes y servicios públicos más diversos, sea la educación, la sanidad, la atención a la dependencia, las infraestructuras, o la investigación, por ejemplo. 

“No sólo es una cuestión de justicia fiscal, sino también de suficiencia”, matiza Cruzado. “Lo que no se recaude del beneficio de las sociedades habrá que hacerlo a través de otros impuestos, salvo que se opte por recortar gastos y, en definitiva, reducir nuestro estado de bienestar”, explica. Además, esta tendencia, como ya había explicado antes, da una mayor peso en la recaudación de todos los países a los impuestos indirectos: “Mientras en el año 2007 la recaudación por impuestos directos era superior en más de tres puntos a la de los indirectos, en 2018 (último dato de Eurostat) se ha invertido la situación, siendo superior la de los indirectos por 2,7 puntos porcentuales de diferencia”.

Si España igualara su Impuesto de Sociedades a Irlanda dejaría de ingresar unos 12.500 millones de euros. Si lo eliminara por completo serían más de 25.000

Esa insuficiencia a la hora de afrontar los gastos del Estado también preocupa a  Elena Idoate Ibáñez, economista y miembro del Seminari Taifa, sobre todo entrando en una nueva recesión en la que se estima que los ingresos de Hacienda disminuirán y las necesidades de dinero se elevan. “La recaudación del IS será más bajo este año y los próximos, pero en los niveles previos a la crisis del Covid-19, bajar la tributación de sociedades al nivel de Irlanda supondría la pérdida de, al menos, la mitad de la recaudación de este impuesto, unos 12.500 millones”, calcula Idoate. La economista defiende que esa pérdida debería ser compensada subiendo la tributación de otros impuestos, principalmente rentas de trabajo o el consumo. “La regresividad será aún mayor, y eso que llevamos una larga etapa de regresividad social”, lamenta.

El conjunto de los 28 países de la UE ingresaron en 2018 (último dato disponible en Eurostat)  431.725 millones de euros en IS. El peso de esos ingresos en referencia al PIB de cada Estado miembro varía desde el 1,1 de Letonia al 6,8% de Noruega. Por lo que es difícil imaginar, sobre todo ante la ardua tarea de la reconstrucción económica tras la pandemia, que los países pudieran prescindir de dichos ingresos en caso de que la carrera fiscal a la baja llegara al caso extremo de anular el impuesto por completo. 


“La caída de la recaudación empobrece al erario público y esto se traduce en una incapacidad de las políticas públicas de llevar a cabo inversión y gasto público en áreas esenciales”, afirma Albarracín. Pero, además, Idoate no cree que la cosa acabaría en no poder financiar, sino en recortes presupuestarios: “Es de esperar que no se eliminarían los 9.500 millones de defensa o los 8.500 de interior, ni se revisarían los 13.000 millones de inversiones públicas”, por lo que, defiende,  afectaría a gastos sociales y, añade que  “el Estado, que es desleal con las comunidades autónomas, acabaría trasladando los recortes a éstas, afectando el gasto como sanidad o educación”. O, como lo resume Cruzado: “Lo que no se recaude del beneficio de las sociedades habrá que hacerlo a través de otros impuestos, salvo que se opte por recortar gastos y, en definitiva, reducir nuestro estado de bienestar”.

¿Qué pasaría con esos paraísos fiscales?

La otra pregunta es qué le pasaría a los países como Irlanda, Malta, Luxemburgo o Países Bajos si ya no pudieran ofrecer esa ventaja fiscal porque todos los países igualan dicha oferta. Irlanda ha sido la niña bonita de la teoría liberal en los últimos años. Sus niveles de crecimiento y desempleo hacen sacar pecho a aquellos que abogan porque todos los países se conviertan en un paraíso fiscal y que se reduzcan los impuestos a las empresas al mínimo.

Pero, ¿y si esa ventaja se desvaneciera? Según Idoate, si todos los Estados tuvieran un nivel tan bajo nivel de tributación como el de Irlanda, este país dejaría de tener una ventaja como paraíso fiscal para atraer las sedes de las empresas multinacionales y “estas no tendrían motivos fiscales para elegir Irlanda antes de cualquier otro modelo fiscal, e Irlanda perdería algunos puestos de trabajo y ciertos ingresos fiscales si las multinacionales trasladaran su sede a otro estado”. Coincide con Albarracín en que las multinacionales que tributan en paraísos fiscales no mueven su producción, sino que únicamente crean empresas y contabilidades para hacer ver que es en estos paraísos fiscales que generan sus beneficios, “así que les será muy fácil irse de un paraíso fiscal a otro” y, sobre todo, en una Unión Europea con total libertad de movimiento de capitales.

Con fiscalidad cero, ¿acaba la carrera?

En ese supuesto de IS nulo o cercano a cero, con un agujero de ingresos de más de 400.000 millones de euros en toda Europa, los recortes o el sobre endeudamiento que esa falta de financiación provocaría, ¿acabaría el chantaje de las multinacionales y las carreras a la baja? Iodate cree que no: “Una vez los sistemas fiscales se adapten a los intereses de las multinacionales de no pagar impuestos, llegaría el turno también a otros ámbitos, como la regulación laboral, ambiental, de salud, de gestión, y otros”.

“Una vez los sistemas fiscales se adapten a los intereses de las multinacionales de no pagar impuestos, llegaría el turno también a otros ámbitos, como la regulación laboral o ambiental», Elena Iodate

Las multinacionales continuarían buscando el máximo beneficio, pero con otros tipos de ingenierías, buscando otro tipo de competiciones o, mejor dicho, otras carreras a la baja por parte de los países donde son ellos los que siempre ganan. “Dar alas a la competencia fiscal es también recrudecer la competencia en otros ámbitos”, afirma Iodate, “se trata de una relación de fuerzas: o los intereses de las multinacionales, o el interés general de las poblaciones”. Y en ese contexto y en la lucha por atraer empresas bajar los impuestos al nivel de Irlanda u Holanda “es resultado de una dinámica de competencia fiscal en que las empresas multinacionales se hacen fuertes y los Estados se debilitan”, sentencia Iodate.



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