Política

La semana política | ¿Quién va ganando? – El Salto

La semana política | ¿Quién va ganando? - El Salto


Ruido de sables, la vieja banda sonora de la casa Borbón. El domingo 29 de noviembre trasciende que 73 mandos del ejército de tierra enviaron una carta al rey. 66 coroneles, un teniente general, dos generales de división y cuatro generales de brigada tocan a rebato. Sienten que su España está al borde del abismo por culpa de un Gobierno social-comunista y filoetarra. Van perdiendo, o así lo viven. El dislocamiento respecto a la realidad es tendencia entre todas las clases sociales. Al parecer, más aun entre la clase dominante. Lo importante no es la realidad, sino lo invisible. Perseguir fantasmas.

Ese mismo día, el exteniente Luis Gonzalo Segura publica en su cuenta de Twitter las capturas de un grupo de Whatsapp de un grupo de militares retirados del Ejército del Aire, la XIX promoción. Valoran la posibilidad de un alzamiento militar. “Deme la orden”, dice uno de los exaltados. Una voz resuena por encima de las otras. Es la del antiguo general de división Francisco Beca. Cree que hay que “fusilar a 26 millones de hijos de puta”. Infolibre publica las capturas, el tema llega al Congreso. 

La Casa Real se mantiene en silencio. Nada indica que les moleste que se use el nombre del rey en fantasías protogolpistas. Nada dijo de la carta de los 66 coroneles.

En el Madrid-corte se desliza —hay un runrún— que dice que los estrategas al servicio de Felipe VI preparan un proyecto de reforma con dos puntos clave. Transparencia y desvinculación del rey de las fuerzas armadas. Lo que no se quiso hacer en 2014. Una monarquía con algo menos de caspa. Objetivo, que a la base socialista no le dé cada vez más vergüenza mirar. El runrún es un mood, un estado de ánimo. Escrutar el vuelo de los pájaros, adivinar los posos del te.

En la realidad, el poder celebra el otoño. El Ibex cerró el mes de noviembre con su mayor subida histórica

En todo caso, silencio oficial. No dan orden, ni en un sentido ni en otro. Que suenen los sables. Que tranquilicen las cálidas notas de una posible reforma. Que crean, unos y otros, lo que quieran creer.

¿Cómo se hace un golpe de Estado en la cuarta economía de la Unión Europea? La respuesta no se ve pero se intuye en los chats bravucones de los militares: no lo saben, saben que no son capaces, que no pueden, que adonde vas Paco, que en primavera tenemos la comunión del nieto. La banda sonora suena desafinada. Hay una orquesta de golpes de pecho pero el sonido que llega es el de un tambor de lata.

El ruido de sables es más bien un cruce de cables. Y, sin embargo, sigue colándose en toda la conversación política.

Es su gente

A lo largo de la semana, entran algunos solistas para acompañar la banda sonora. “Es nuestra gente”, dice la estrella emergente de Vox, Macarena Olona. El Partido Popular no quiere perder a la que fue su gente. 40 años promoviendo la devoción a los uniformes. Cuatro décadas defendiendo que el Ejército es moderno y está comprometido con la democracia. Y, en un suspiro, Vox salta el cerrojo. Reactiva la pulsión franquista, la pulsión de muerte. La pone de moda. 

“Podemos estar de acuerdo o en desacuerdo” dice una de las portavoces populares, Ana Beltrán sobre el contenido de los mensajes. Unas horas después, Pablo Casado la desautoriza y dice que el chat “es intolerable”. Pide que se depuren responsabilidades. Casado y la ministra de Defensa, Margarita Robles, saben que la tradición del Ejército español es depurar y no ser depurado. 

La versión del Partido Popular de lo que es la equidistancia (martes y jueves, bomberos; lunes, miércoles y viernes, pirómanos) está averiada. Casado sabe que lo moderado no suma mayorías en los tiempos de la gran dislocación. Sabe que esa cara no ha cosechado grandes éxitos en la historia de España y que no es lo suficientemente necesaria en la Europa del extremo centro (ese espacio lo ocupa ahora el PSOE). El PP va perdiendo.  

¿Quién gana? Aparentemente, los social-comunistas. Es difícil ver de dónde se saca esa conclusión, pero hay que intentar adivinarlo. En el haber del Gobierno social-comunista hay unos cuantos indicios de lo que les preocupa. Subida del salario mínimo interprofesional a 950 euros; esta semana, pacto para evitar los desahucios ─incluidos, eventualmente, los de okupas─ mientras se mantenga el estado de alarma.

La justicia mantiene prietas las filas en la defensa de un juicio, el del 1 de octubre, que marcó un hito en la crisis del poder judicial y el poder político

En cualquier caso, no son los primeros acordes de una revolución. Ni siquiera la derogación de la reforma laboral, que queda pendiente, es la chispa de un cambio. Son las medidas que avala el extremo centro europeo. Europa no vislumbra una revolución. Ningún signo de inquietud en Bruselas, silencio en Berlín, donde preocupa más Roma. Señal inequívoca de que no hay una revolución en marcha en España.

En la realidad, el poder celebra el otoño. El Ibex cerró el mes de noviembre con su mayor subida histórica. En un año de crisis, el inicio de un calendario de vacunación y la certeza de que el Gobierno no va a dejar caer a ninguna empresa, ha servido para que el selectivo comience a reponerse. Durante la pandemia, las empresas del Ibex repartieron 9.500 millones de euros en dividendos El Estado pagó, por medio de los ERTE, por mantener el desempleo bajo control. ¿Quién dice usted que va ganando?

Manifestacion en coche extrema derecha - 7

Privilegios

El eje del malestar de los militares (y de la casa real) es el indulto previsto para Oriol Junqueras y el resto de presos del 1 de octubre. 

El viernes 4 de diciembre, el Supremo revoca el tercer grado de los presos. El alto tribunal califica los permisos para salir a diario de la cárcel como un “tratamiento penitenciario privilegiado”. Curiosa aparición de los privilegios como argumento. Los “Jordis” estuvieron dos años en prisión preventiva antes de ser sentenciados por haber mediado en el transcurso de una manifestación. Amnistía Internacional insistió ayer en que nunca debieron ser encarcelados. Su condena, asegura esta organización, “constituye una restricción indebida de sus derechos a la libertad de expresión y de reunión pacífica”. Para el Supremo, su permiso carcelario es, en cambio, un privilegio.

La justicia mantiene prietas las filas en la defensa de un juicio, el del 1 de octubre, que marcó un hito en la crisis del poder judicial y el poder político.

El actual Gobierno trata hacer sonar la música de un posible acercamiento.

En lo político no va mal. Los ecos de Waterloo se escuchan cada vez menos. Se impone el principio de realidad. ERC no apoya sola los Presupuestos, se suma el PdeCat.

La reforma de la justicia que plantea el Ejecutivo trata de matizar el delito de sedición. Una redefinición que reduciría las penas de los presos del Procés y supondría una revisión, a posteriori, de los excesos de la sentencia de 2019 en el Supremo. Coser la cicatriz de Catalunya.

Un discurso a contracorriente. La época exige, o eso creen los guerreros de grupos de Whatsapp, pasiones fuertes: venganza, ruido de sables, tambores de lata. Hay que ver cuánto tiempo es capaz de sostener el Gobierno la intención de coser. El ruido de sables continuará.

Es un ejercicio de funambulismo ideológico pensar que van ganando quienes están en la cárcel, quienes están inhabilitados, quienes vuelven a convocar a las urnas, por quinta vez en una década, a una sociedad que está exhausta y desorientada. Pero lo piensan. Es una pirueta ideológica pensar que la desaparecida ETA o los bilduetarras —ese es el lenguaje del desvarío— controlan la política española con cinco diputados, pero el lenguaje del desvarío es tendencia. La presencia de Unidas Podemos en el Gobierno, un error en el código fuente del Régimen del 78, aumenta la percepción distorsionada de la realidad. Libran su batalla contra los fantasmas todos los días (casoplón, Venezuela, terrorismo, falta de libertad) y tienen todos los medios a su alcance.

La televisión se enamora del Jóker. Entrevista semanal con las estrellas emergentes. Jugar a la indignación, jugar a ver crecer la criatura. Ver crecer la audiencia. Se exige el incendio full time, que dejen paso libre al Jóker. Calentar a los guerreros de Whatsapp. 

En Vox tienen motivos para creer que van ganando. Su burbuja sigue inflándose. 47 millones de personas viven dentro de su delirio, 26 millones como enemigos, los otros como futuros votantes.

El PSOE juega con fuego. Ve crecer a la criatura, ve cómo se deshilacha su competencia en el extremo centro. Llegado el momento, piensan, se impondrá el principio de realidad. Hasta ahora, la subida de Vox ha consolidado la figura de Sánchez como el presidente de la vida real.

El partido del rey ─y no es necesario que el rey tome partido─ se siente amenazado y amenaza. Suenan tambores de lata, pero el ruido es atronador. Desde Zarzuela no se emite ninguna señal. Algunos interpretan, esperanzados, que eso es el preludio de algo. Silencio oficial. Que quieran lo que quieran creer.





Source link

También pueden gustarte

Leer Más