Política

La marca de Caín, por Gustavo J. Villasmil-Prieto

La marca de Caín


Twitter: @gvillasmil99


A la memoria de Fernando Albán, compañero de luchas y mártir de la democracia venezolana.

«“En adelante serás maldito y vivirás lejos de este suelo fértil que se ha abierto para recibir la sangre de tu hermano que tu mano ha derramado”. Y Yahvé puso una marca a Caín para que no lo matase el que lo encontrara»

Génesis, 4, 11. 15

 

I

“Un kilo de algo”, solía decirme cada vez que nos encontrábamos. “Mañana, a la parroquia, llévame un kilo de algo”. Mil gramos de cualquier vianda o verdura era todo lo que nos pedía Fernando a sus compañeros de militancia y a sus amigos como entrada a aquellas fiestas de bondad y de compasión por el prójimo que eran sus “ollas solidarias”, que en la Parroquia Universitaria solía organizar para aliviar en algo el tormento del hambre en los más pobres entre los pobres. En una de esas tantas “ollas” me habló de aquel viaje a Nueva York que tenía pendiente, haciendo parte de la misión venezolana que esperaba ser recibida en Naciones Unidas. “Es cortico, hermano, vuelvo el cinco”. Y ya sabes”, me dijo, “la próxima vez, ¡tráeme un kilo de algo!”. Fue la última vez que lo vi.

Fernando Albán-la olla solidaria

 

II.

Mi memoria me lleva a aquella tarde fatídica del cinco de octubre de 2018. El cardenal Urosa aparecía en televisión emplazando al régimen venezolano: ¿dónde estaba Fernando Albán? Inútiles fueron las gestiones de familiares, amigos y compañeros.  A la manera de los macabros gobiernos militares del Cono Sur, a Fernando lo habían “desaparecido”. Tres días después, su cadáver estrellado contra el piso en los bajos del siniestro edificio negro que sirve de sede a la policía política sería la respuesta. “Se suicidó”, se apresuraron a  declarar los voceros de régimen. Una autopsia cuyo protocolo nunca fue conocido y unas pesquisas amañadas servirían de mampara a lo que Venezuela y el mundo bien sabían: que habían asesinado a Fernando Albán. Una vez más, en Venezuela  se había derramado la sangre de Abel.

III.

La publicación del contundente Informe de Verificación de Hechos a cargo de la comisión designada por el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas por resolución 42/25 del 27 de septiembre del año pasado terminó por arrancar la hoja de parra que cubría las vergüenzas del régimen venezolano.

Agotadas sus  consignas revolucionarias y marchitas las promesas de justicia y redención social que le valieran el favor del ciudadano en el 98, el chavismo acabó  encontrando en los gatillos su ultima ratio. Ya no más amapuches de bebés y de ancianitas. Hasta allí llegaba el espectáculo kitsch de repartición de dádivas por televisión, ya fueran viviendas, tratamientos médicos, bicicletas o empleos públicos.

En lo sucesivo, serían las culatas, las puntas de las botas, las bocas de los fusiles, los cables de electricidad, las bolsas de plástico en el rostro, los toneles llenos de agua y los garrotazos de los esbirros, como en los tiempos de Nereo Pacheco y Miguel Silvio Sanz, los que hablarían por el régimen.

2891 violaciones documentadas de derechos humanos recogidas en el mencionado documento así lo demuestran: detenciones anunciadas por televisión, actuaciones judiciales opacas, apelación a repetidas declaratorias de “emergencia” a cuya sombra se cometía toda clase de desmanes, injerencia abusiva de organismos militares para juzgar civiles con jueces distintos a los que les son naturales.

*Lea también: El negacionista, por Fernando Mires

Verdaderas licencias para matar  que se continúan en un largo etcétera de señalamientos que dejan al régimen con una mano adelante y otra atrás frente al mundo.

Ya nadie duda de que en Venezuela ni hay ni hubo nunca una revolución, sino la toma del poder por una estructura criminal. Mención especialmente grave es la que se hace a propósito de las ejecuciones extrajudiciales. “Me preocupan los altos números de muertes de jóvenes”, ha dicho la doctora Bachelet, Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos.

Dos mil muertes llevan contabilizadas en la oficina a cargo de la expresidenta de Chile, de las que 711 se produjeron solo entre los meses de junio y agosto.

IV y último

El crimen de Fernando Albán quedará como el más desgarrador testimonio de la degradación del poder en Venezuela. Quienes le quisimos no clamamos hoy por venganza: ni aún el Señor se la tomó cuando ante sí tuvo a Caín. Pero la jurisdicción en materia de Derechos Humanos, cuyo alcance es universal, ha hablado con pruebas en la mano y es a su poder al que hoy apelamos. Que no importe dónde se metan ni qué leyes dicten para protegerse los asesinos. Que de nada valgan segundas nacionalidades ni pretendidas inmunidades y fueros, como tampoco los millones que tengan colocados en bancos de Andorra y Estambul. Porque en donde estén les habrá de alcanzar el largo brazo de la justicia internacional, la misma que todavía hoy busca y encuentra bajo las piedras a antiguos criminales nazis que, creyéndose a salvo tras casi 80 años de sus desmanes, hasta hace poco llevaban vida de apacibles pensionistas en los suburbios de Minnesota, de Florida  y hasta en las playas de Hawái.

En sus recomendaciones finales, el informe destaca la importancia de que “la Fiscalía de la Corte Penal Internacional tenga en cuenta las necesidades de las víctimas de que se haga justicia oportunamente”.

En manos de la jurisdicción internacional en materia de Derechos Humanos está el proceder conforme a derecho para que en Venezuela no se repita una vez más la larga historia de impunidades que en cuanto a crímenes de estado ha caracterizado a Iberoamérica.

De manera que aquí no hayan de valer mañana ni leyes de “punto final” ni caras de “yo no fui”: aquí demandamos justicia. Para Fernando y para todos los venezolanos sacrificados en la lucha por la democracia venezolana y sus instituciones. El Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, en su contundente informe del 15 de septiembre, está señalando la ruta hacia los responsables de esas violaciones y crímenes. Sean quienes sean, no escaparán de la justicia. Porque sobre ellos pesa desde ya la impronta más terrible: el signo indeleble de los fratricidas, la marca de Caín.

 

Referencias:

Consejo de Derechos Humanos, ONU. Conclusiones detalladas de la misión internacional independiente de determinación de los hechos sobre la República Bolivariana de Venezuela. 15 de septiembre de 2020. En: https://www. https://www.ohchr.org/SP/HRBodies/HRC/FFMV/Pages/Index.aspx. Recuperado en 4 de octubre de 2020.

Ahrens, JM. Un anciano carpintero de Minnesota, identificado como un terrible comandante nazi. El País, 14 de marzo de 2017. En: https://elpais.com/internacional/2017/03/14/estados_unidos/1489456727_514061.html?rel=masRecuperado en 4 de octubre de 2020.

 

Altares, G. La caza de los últimos nazis continúa. El País, 2 de septiembre de 2018. En:  https:// elpais.com/internacional/2018/08/31/actualidad/1535716565_466959.html

 

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