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Cultura digitaliza 6.300 fotos de Jean Laurent

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El francés Jean Laurent, Juan Laurent, como lo llaman cariñosamente algunos estudiosos de la fotografía; es conocido por ser pionero del arte de la imagen en España. Nacido en Garchizy, en 1816; el 24 de noviembre de este año se cumplirán 135 años del fallecimiento, en 1886; de quien fuera también un precursor en la creación de una gran colección de fotografía española.

Un autor total, que capturó personas, escenas típicas, infraestructuras; las obras del Museo del Prado, los miembros de la familia real o, por ir a un detalle; la primera fotografía que se conoce de la ciudad de Alicante, de 1858.

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Un delicioso resumen, más de 6.300 imágenes; de su enciclopédico catálogo está desde este martes disponible en consulta gratuita en la web del Ministerio de Cultura

Este proyecto, impulsado por el Museo del Romanticismo y el Instituto del Patrimonio Cultural de España (IPCE), dependiente del ministerio;  está organizado en cinco secciones: retrato; tipos populares; imagen de España; bellas artes, artes decorativas y arqueología; y varia. “De los más interesantes y completos; por su excepcional valor documental, es el de imagen de España, con 1.584 registros; que comprende las vistas de ciudades y recoge el interés del fotógrafo por la riqueza artística y monumental de todo el país; con fotografías de 44 provincias españolas”, señala la nota de Cultura.

Ello da una somera idea de la extensa producción de Laurent; un elegante comerciante que llegó a Madrid en 1844 atraído “por el negocio de los papeles jaspeados”, como explicó Maite Díaz Francés; doctora en Historia del Arte y biógrafa del fotógrafo, en una jornada sobre este autor celebrada el lunes en Madrid, organizada por el grupo Fotodoc; de la Universidad Complutense, y la Fundación Anastasio de Gracia.

Con don de gentes y ganas de hacer dinero, en 1856 abrió un estudio fotográfico en el número 39 de la Carrera de San Jerónimo. Aunque comenzó con los retratos, muy pronto amplió sus miras, que dirigió a monumentos, espectáculos —desde acróbatas a una mujer barbuda—, corridas de toros y vistas de ciudades y obras de infraestructura, en especial el ferrocarril, cuya primera línea se había inaugurado en 1848 (Barcelona-Mataró). Un maravilloso ejemplo es el trabajo fotográfico que hizo del Puente de Toledo, en Madrid.

Las recién puestas vías férreas le vinieron de perlas a Laurent porque en aquella época todo el material que necesitaba (cámara, trípode, placas, líquidos…) podían sumar unos 300 kilos de peso, según Carlos Teixidor, del IPCE. Así que Laurent cargaba todo en un carruaje, en el que estampó su firma: “J. Laurent”.

Fotógrafo de Isabel II

En 1860 obtuvo el puesto de fotógrafo de cámara de la reina Isabel II. Con buen ojo, imprimió en su carruaje la siguiente leyenda: “Fotógrafo de SM [Su Majestad]” y le añadió una corona, como vitola de su distinción. En 1861, publicó “su primer catálogo, retratos de personajes notorios de la época”, subraya Cultura. “Laurent ya era consciente de la necesidad de organizar un archivo con todo lo que iba haciendo”, añade su biógrafa.

Laurent tuvo también el privilegio de fotografiar las obras del Museo del Prado y la Monarquía le encargó un catálogo de obras públicas para borrar la imagen que había en Europa de España como país atrasado, sin infraestructuras y poblado de bandoleros y majas.

Teixidor, en la jornada sobre Laurent, mostró un retrato de Prim que prueba su modernidad. El general aparece vestido de gala, pero sentado, inclinado, con las piernas abiertas sobre el respaldo de una silla, una estampa que hoy podría mostrar a un roquero o a una estrella de cine.

Ese espíritu rompedor lo llevó asimismo a algo tan antiguo como los toros. Laurent hizo un fantástico fotomontaje con los retratos de las figuras del toreo del momento y rizó el rizo convirtiendo esas imágenes en tela para abanicos, como señala Belén Palacios, de la Biblioteca Nacional, donde se conservan unas 2.000 piezas suyas. Un nuevo giro en su visión empresarial le llevó a transformar sus fotos en postales, para popularizar su venta. Siguió editando volúmenes hasta poco antes de su fallecimiento.

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