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Coronavirus | Margarita del Val (viróloga): “Esto va para muchos meses” – El Salto

Coronavirus | Margarita del Val (viróloga): “Esto va para muchos meses” - El Salto


Margarita del Val (Madrid, 1959) es viróloga e inmunóloga del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Sus apariciones en medios de comunicación han servido para alertar de que los contagios del coronavirus no están controlados. Del Val cree que es el momento de estudiar el comportamiento de los rebrotes que se están produciendo para estar preparados de cara al final del verano y la vuelta plena a la actividad tras las vacaciones. 

¿Qué podemos esperar de los próximos meses?
En la temporada otoño/invierno no vamos a tener la ayuda de una vacuna. Por lo tanto, en esa temporada, que es cuando va a ser más difícil contener la transmisión del virus, vamos a tener que jugar con nuestras propias fuerzas. Tenemos un pequeño aliado nuevo, que es que las personas más vulnerables son los grupos de riesgo a quienes se recomienda la vacunación de la gripe. Si todas se vacunan de la gripe, y del neumococo a las que se les recomiende, por lo menos se habrán quitado esas otras enfermedades con síntomas muy parecidos de encima. 

Pero, aparte de eso vamos a tener en nuestra contra que vamos a volver a juntarnos gente de sitios muy distintos en las actividades educativas que se van a reanudar después del verano; vamos a tener en contra que vamos a perder el gran aliado del verano que es el aire libre. Deberíamos ir reforzando muy fuertemente todas las demás medidas. Porque ese conjunto de medidas es lo que ha hecho que mantengamos estables los contagios del virus desde más o menos mayo hasta ahora. En cuanto se relaja alguna de ellas, empieza a haber brotes, y nunca sabes cuál va a ser el que se descontrole. Tenemos que reforzar muchísimo la distancia social, la ausencia de contacto con la gente, la higiene de manos, la mascarilla. Y mantener al máximo todo el trabajo y estudio que pueda ser a distancia. Si todo eso lo ponemos muy fuertemente en práctica, pues a lo mejor logramos que la oleada del otoño se convierta en una serie de brotes.

Desde el punto de vista científico, ¿qué más sabemos del virus desde que se levantó el estado de alarma?
Sabemos que los brotes son muy dispersos y muy imprevistos. Ahora que le estamos siguiendo la pista al virus, vemos que hay muchas secuencias de genomas, del ARN del virus. En España hay más de dos mil, y es uno de los países que más contribuye en secuencias en el mundo. Esas secuencias del virus nos permiten seguir la pista. Gracias a ellas vemos que hay algunos virus que no es que sean de mejor transmisión que otros, sino que casualmente entran en un comportamiento humano muy favorable a la transmisión y se transmite muchísimo, mientras que hay otras muchas cadenas de transmisión que se abortan, que mueren, que no logran transmitirse a la gente. 

De manera que un poco por azar, hay virus que se acaban imponiendo, hay brotes que se acaban descontrolando. Eso se puede mapear ahora con un poco más de certeza. Sin embargo no sabemos prever cuáles van a ser los brotes que se descontrolen. Está claro que actividades de más riesgo, con contacto cercano ─y esto por ejemplo lo sabemos ahora que en España ha habido demasiado contacto cercano dentro de las familias─ favorecen el contagio. Un aspecto importante, que no es estrictamente científico, es darnos cuenta de que de la familia tampoco nos podemos fiar, porque la familia puede tener tan mala suerte como nosotros, y podemos contagiarnos entre nosotros.

¿Hay más inmunidad de lo que se presuponía?
Ya sabemos que prácticamente todo el mundo desarrolla respuesta inmunitaria, de un tipo o de otro. Antes sólo mirábamos los anticuerpos. Con los anticuerpos se detecta a una parte de la población. Ahora sabemos que hay personas que han pasado la covid-19, o que han sido infectadas por el virus, y que no han sufrido ninguna enfermedad, que no tienen anticuerpos pero que sin embargo tienen inmunidad celular. La inmunidad celular es otra parte de la complejidad de la respuesta inmunitaria, ayuda a dar respuesta inmunitaria y además elimina las células infectadas dentro de nuestro organismo. Es muy importante que las elimine porque elimina la fuente de virus, la fábrica de virus. Hay personas en las que solo se detecta este tipo de inmunidad, y hay personas en las que se detectan también anticuerpos. En un tercio de las personas solo se detecta la inmunidad celular. Y eso significa que es probable que haya más gente en España que se haya enfrentado a la infección, que a lo mejor no somos 5%, sino que a lo mejor somos un 7%. Es muy poquito. Esto hay que valorarlo mejor, porque todavía hay pocos estudios en el mundo, pero habrá que valorar en España, en concreto, cómo es la inmunidad celular, que se está revelando al menos como un contribuyente a la inmunidad de las personas. 

¿Cómo ayuda eso a futuro?
No sabemos cuánto de por sí protege, no sabemos cuánto de por sí protegen los anticuerpos tampoco. Yo creo que lo mejor, como en todas las infecciones por virus, es una combinación de ambas. Conociendo ahora que este virus no es un SIDA, es decir, no es un virus que nos causa una inmunodeficiencia, sino que hace una respuesta inmunitaria razonablemente estándar, pues sabemos que con las vacunas sería bueno provocar la misma respuesta que la natural, cuando no mejorarla. Las vacunas más sencillas, que son las que más están avanzado, probablemente no induzcan una buena inmunidad celular. A lo mejor solo se basan en inducir una respuesta anticuerpos. Creo que van a ser peores que las que induzcan una respuesta completa, pero a lo mejor son suficiente.

¿Y respecto al tratamiento médico?
Tenemos dos tratamientos uno es un antiviral y el otro un antiinflamatorio, son ambos para fases muy tardías, para enfermos muy graves, pero bueno, eso que se ha ganado en salud de las personas, en reducción de fallecimientos y probablemente también en menos ocupación de Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) y sistema sanitario.

Los rastreadores van a ser las señales de alarma de cuándo la situación se está empezando a descontrolar 

Esta semana ha habido polémica con la falta de rastreadores de la Comunidad de Madrid ¿Una carencia de sistemas de rastreo nos aboca a una situación peligrosa?
No sé cómo son exactamente las estrategias de rastreo en cada comunidad autónoma, sí que he hablado personalmente con un rastreador y me parecen unas personas espectaculares, porque saben seguir los contactos y los brotes. Aprovecho para decir que es muy importante no culpar a nadie de haber causado el brote cuando sabemos que esto nos puede venir de cualquier lado. Y es muy importante enganchar a esas personas para que colaboren. La tarea de los rastreadores es muy difícil por dos razones: una, porque la persona que está infectada es imposible que informe sobre aquellas personas que son contactos pero que no conoce; y, en segundo lugar, porque hay muy pocos rastreadores. Esto es un reflejo de lo poco que se invierte en este país, y probablemente en otros, en prevención. Los rastreadores son epidemiólogos que forman parte del sistema de prevención. “Más vale prevenir que curar” lo decimos todos, pero en prevención no se pone nada de dinero. Se gasta muchísimo dinero en una cura, y si eso se invirtiera en prevención, ahorraríamos muchísimo.

Al principio era imposible rastrear.
En una situación de bonanza como la que hemos tenido de mediados de mayo a junio, han empezado a calentar motores. Han rastreado todo lo que han podido, pero han estado calentando la maquinaria. Pero en cuanto realmente hay un brote fuerte que se desborda los rastreadores no dan abasto. Esto ha pasado en Lleida, por ejemplo, y también ha coincidido con que se ha desbordado incluso la sanidad leridana. Los rastreadores van a ser las señales de alarma de cuándo la situación se está empezando a descontrolar: en cuanto los rastreadores digan “no puedo”, y en cuanto los sanitarios digan “tenemos que derivar” hay inmediatamente que tomar más medidas.

¿Medidas como otro confinamiento generalizado?
Tendrán que ser lo más eficaces posibles. Sabemos que el confinamiento funciona. Lo que ha bajado el virus ha sido el confinamiento. El esfuerzo ha sido muy fuerte porque nos hemos confinado, hay cantidad de poblaciones, la mitad de municipios de España que no han tenido un solo PCR mientras que se han confinado. Bueno, pues ahora hay que hacer un confinamiento muy selectivo. Igual no tiene que ser todos quedarnos en casa como las dos semanas álgidas de la Semana Santa, probablemente no, pero habrá que empezar como lo están haciendo en Barcelona, que si no ocio nocturno, que si reducir aforo, que si imponer el uso de la mascarilla ya que la gente no se la pone voluntariamente. Yo creo que en Canarias y en Madrid lo que tienen que hacer es ponérsela voluntariamente en todos los sitios, de manera que no nos la tengan que imponer. Y en algún momento habrá que confinar, efectivamente, determinados municipios, determinadas regiones sanitarias.

A costa de sectores económicos que reclaman que no se cierre, ¿no?
¿Tendremos que parar el turismo? Pues en algunos sitios sí; ¿tendremos que parar la movilidad entre provincias? Pues en algunos sitios sí, o entre comarcas. Habrá que hacerlo porque si no no se para el virus. El virus no se ha parado porque hace calor, claramente, y tenemos un virus que está explosivo en Texas, que está explosivo en Miami, en Irán. Quizá esta segunda “oleadilla” que tenemos que, depende de dónde mires, yo la llamaría oleada quizá esta segunda oleadilla de julio nos ayuda a aprender para qué tenemos que estar preparados en otoño. 

¿Dónde es oleada y donde es menos preocupante?
En Lleida, por ejemplo es una oleada, es mucho más alta, el triple de alta o así, que la primera de marzo. En Huesca es una oleada nueva, es tan fuerte como la de marzo. En Barcelona es más baja, y han cortado antes. En Barcelona es un rebrote se puede decir, o varios rebrotes juntos, y además no llega a comprometer la sanidad.

Se dice que el virus ha bajado la letalidad con respecto a esa primera oleada. ¿Es un mito?
Es un mito. Son ganas de buscar excusas. Seguir buscando excusas: que si el verano, que si el virus se ha atenuado, que si yo no soy susceptible y total qué más da que yo contagie a otros. No hacemos más que buscar excusas. El virus no se ha atenuado. Los casos son más leves, es cierto, pero porque los mayores y los que tienen patologías crónicas se han retraído, están tomando muchas medidas de seguridad. Al no estar esas personas en el pack, digamos, de gente que está recibiendo la infección, lo que se infectan son más sanos, y entonces es más suave la enfermedad. Llegan pacientes más sanos a los hospitales, eso sin ninguna duda. Baja la edad de las personas afectadas, hay más asintomáticos, pero no es que el virus se esté atenuando. Si se miran las secuencias del virus, el virus está cambiando a su ritmo, es como un reloj, pero no hay ninguna mutación que implique ni menos severidad de la infección, que es una cosa, ni más o menos capacidad de transmisión, que otra distinta.

Como parte de la comunidad científica ¿siente que hay una dicotomía o se quiere plantear en términos dicotómicos la salud pública y la economía?
No es una dicotomía porque sin salud desde luego que no hay economía. ¿Qué ocurre? En Barcelona se abren los locales, y el 20 de julio se tienen que cerrar, o sea que no hemos ganado nada: no se salvaguardan puestos de trabajo. Al contrario, para un negocio es malo que haya tenido que abrir, haya comprado suministros, haya almacenado nuevas cosas, haya empezado contratos y ahora los tenga que parar. Lo que hay que hacer es ir hacia una situación sostenible porque esto va para muchos meses. Eso si tenemos vacuna, algo en lo que confío.

En otoño se va a tener que hacer diagnóstico diferencial de todas las personas que tengan un síntoma respiratorio, y ¿cuántas son durante la temporada otoño/invierno? Pues el cien por cien de la población

Se puede repetir la situación de marzo y abril.
No podemos olvidar que somos un 5 o un 7%, como decía antes, la población que ha pasado la infección, y con un coste brutal en muertos y el coste económico. ¿Si queremos llegar a un 60%, que es lo estimado para tener una cierta inmunidad colectiva, vamos a pasar esto doce veces, lo vamos a pasar igual de mal? Nos queda por delante una cantidad de tiempo muy grande. Incluso si nosotros somos muy eficaces, tenemos al resto de países. Tenemos África al lado, que no lo van a controlar igual de bien. Las enfermedades infecciosas no conocen fronteras, así que más vale que logremos encontrar una estabilidad: la conseguimos cuando el Estado se puso a multar. Pero es lo que tenemos que poner cada uno de nosotros con responsabilidad, con sensatez, e incluso con egoísmo: si yo quiero mantener mi puesto de trabajo más me vale que esto esté controlado, que me acostumbre a la mascarilla, que lo convierta en una rutina, que limite mucho el contacto con la gente, que mantenga la distancia y ya está. Y si lo hacemos todos, esto se incorpora durante un par de años y luego ya volveremos a celebrarlo. Luego ya volveremos a la normalidad de verdad. En cuanto al problema de los jóvenes que se infectan, si la economía sufre porque la sanidad sufre, ellos van a ser los que peor lo van a pasar porque quien tiene una carrera profesional lanzada lo sufre menos. Creo que tenemos que cuidar mucho a los jóvenes, ayudarles a que ellos también participen y no estigmatizarlos.

En términos de sistema sanitario, ante la posibilidad de esa segunda oleada, estamos mejor preparados, entiendo, pero ¿qué sigue faltando?
Como usuaria, yo voy a atención primaria y me cuesta un montón conseguir una cita. Las listas de espera se les han acumulado y no las han podido solventar todas. Los sanitarios se tienen que recuperar: ha sido un shock mental además de físico, y no se han recuperado, y no les estamos cuidando ahora lo que se merecen.

Y hay otra cosa que falta: cuando entre el otoño y el invierno pasemos a una nueva etapa, empiezan un montón de enfermedades respiratorias. A nosotros nos ha tocado en una época muy buena, cuando ya había acabado la temporada de gripe y todas las demás respiratorias. Pero en otoño se va a tener que hacer diagnóstico diferencial de todas las personas que tengan un síntoma respiratorio, y ¿cuántas son durante la temporada otoño/invierno? Pues el cien por cien de la población. ¿Quién no tiene una tos? ¿A quién no le duele la garganta durante la temporada? Y si a todos nos tienen que hacer una PCR para ver si es covid-19 es una locura. Ese diagnóstico no está preparado ahora mismo. 

¿Y para detectar los movimientos del virus?
Donde esté una persona que se quite un aparato, pero hay que complementar su tarea con una aplicación de móvil, y que sea idealmente europea. Por ejemplo la que hay en Alemania, que no es nada intrusiva. Hay que convencer a la población de que va a ser mucho más barata, de que va a tener menos impacto sobre nosotros, y de que no nos van a robar ningún dato que no nos robe Google o Facebook o Apple. Eso haría falta para complementar la labor de los rastreadores, y eso tampoco se está engrasando.

¿Qué pasa con las personas que ya han pasado por el Coronavirus?
Lo han pasado ya como quince millones de personas en el mundo. Y de esa cifra no se ha descrito que haya habido segundas infecciones que sean tan graves, ni siquiera menos graves. No se describen segundas infecciones. Quiere decir que por ahora esas personas están protegidas. Yo leo las declaraciones de científicos de otros países y tienen la misma experiencia: no hay reinfecciones más graves. ¿Esto qué quiere decir? Que tenemos una cierta protección frente a la reinfección, pero que a lo mejor nos podemos reinfectar. Pero nada de agobio, nada de angustia. Incluso aunque se pierdan los anticuerpos, insisto, los anticuerpos son solo un marcados de una inmunidad mucho más compleja y mucho más completa. 

Los ecologistas hablan mucho de la deforestación y de cómo esto favorece el salto entre especies, la zoonosis, ¿qué podríamos hacer para prevenir nuevos episodios de este tipo?
Parar el desarrollo humano, pero eso no podemos. Desde que nací a la virología a mí han dicho “puede salir una pandemia importante del sudeste asiático” y han surgido ya muchas epidemias, lo que pasa es que las que han contenido allí. En los último diez años ha habido como tres o cuatro saltos de gripe aviar, desde las aves a las personas que eran muy graves, con una mortalidad muy alta. Lo que pasa es que no se transmitían entre personas, y eso es un lujo porque se puede aislar los brotes con una contención, con un confinamiento, y se acaba extinguiendo. ¿Y por qué surgen? Primero porque la densidad de población ahora allí es espectacularmente grande. Quiero decir, si haces ahora un círculo en el Sudeste asiático, tienen la mitad de población del mundo. En Europa estamos despoblados. Entonces, cuando hay mucha gente, hay más probabilidad de que se transmita.

El segundo factor importante es que hay más exposición al virus en las ciudades, ¿por qué? Porque hay mucho contacto con gente distinta y gente que no conoces. También esto causa que se invadan hábitats que antes era rurales y se pueda entrar más en contacto con especies con las que antes no estábamos en contacto. La movilidad es otra de las cosas que nos parecen irrenunciables y que han contribuido a la expansión del virus. Evitar todo eso requeriría parar el desarrollo humano y el crecimiento de la población humana, y esto es muy difícil; ¿y que si lo paramos, también pararíamos la contaminación? Sí, ¿y por lo tanto el impacto en el calentamiento humano? Sí. Pero es una acción global, no simplemente ecologismo, es una acción global lo que habría que hacer. Y para parar la sobrepoblación tenemos que empezar por parar el hambre, porque si no paramos el hambre y a los padres se les mueren los niños, tendrán más niños. Hasta que no paremos el hambre y mejoremos las condiciones educativas, no podremos avanzar. Para mí eso es lo primero.

¿Y cómo se preparan los Estados para esta realidad?
Dentro de esta exposición tan tremenda que tenemos a enfermedades infecciosas tenemos que integrar en el concepto de defensa (de un país, de un continente, de la Unión Europea) el concepto de biodefensa. Nuestra plataforma del CSIC se llama salud global y es por eso, porque realmente estamos todos en un mismo barco y nos van a venir nuevas epidemias. Es necesario hacer una reorientación de la defensa nacional hacia la defensa frente a amenazas biológicas. Se puede tener a mucha más gente formada en sanidad, en ciencia, porque es vital tener un guion, tener una base de científicos entrenados. Yo creo que hay que evolucionar hacia eso, porque si no, nos va a costar mucho más dinero. La inversión que hagamos en eso va a ser mínima comparada con el dinero que ya nos ha costado esta crisis de la pandemia.



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