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Carlos Tolentino falleció a los 64 años: El hombre de las tablas

Carlos Tolentino falleció a los 64 años: El hombre de las tablas


Carlos Tolentino fue un profesional de la escucha. Su sentido auditivo traspasaba el mero acto de decodificar sonidos. Era un hombre que entendió que escuchar era más importante que hablar. Tal vez eso lo llevó a la docencia. En el mundo académico era conocido como un investigador incansable, pero también tenía la fama de tomarse el tiempo que fuera necesario para escuchar a sus alumnos con cada uno de sus problemas.

“No podría dirigir si a la vez no ejerciese la docencia. El ejercicio académico es primordial. Y ambos oficios son parecidos en el sentido de que en clase tengo un público, ejecuto el interés, tengo una línea dramática. El punto en común es la verdad. Si vives lo que estás haciendo y lo percibes en ese instante como verdad, se te queda. Eso sucede en el aula y en el teatro”, dijo en una ocasión a la revista Cosas.

En el mundo escénico, donde el sentido de la escucha es tan importante, tan determinante, convirtió su oído en una de sus principales herramientas de trabajo. Un director de teatro, dijo alguna vez la directora argentina Laura Silva, es un ciego que guía. Pero Tolentino era un oidor que dirigía.

En las muchas fotografías que Carlos Tolentino publicó en sus redes hay muy pocas en las que aparezca solo, apenas dos o tres entre decenas. Siempre aparece con alguien que lo abraza, o que está muy cerca suyo, casi compartiendo aliento. Claro, eran otros tiempos, muy diferentes a los que nos gobiernan. Eran tiempos de teatros abiertos al público, donde Tolentino podía hacer de una cama el campo de batalla para dos amantes, el lecho de muerte para una enferma terminal o el escenario de un imprudente secreto. También era capaz de convertir el corredor de una clínica imaginaria en el purgatorio anticipado de almas que se negaban a abandonar un cuerpo desfalleciente. La última obra que dirigió en el Centro Cultural de España fue “La Golondrina”, un drama sobre la visita de un joven a una señora que acaba de perder a su hijo. Tolentino, era pues, como esos directores que volaban alto pero expertos en aterrizajes.

… A través de las ventanillas veo los elencos de las obras de teatro que dirigí. Los añoro. Desde la madrugada tengo un perfume en mi mano que no logro descifrar a quién pertenece. Es como cuando viajé con mi hija a París desde Firenze para encontrarnos con su madre, e ir por primera vez a Eurodisney. El perfume viajó antes que nosotros. Era el de ella que ya nos esperaba. Nino Rota toca “La horas que perdí” de Pinglo”, fue lo último que escribió en su cuenta de Facebook.

Trabajo de mesa del elenco "Un informe sobre la banalidad del amor", dirigida por Carlos Tolentino

Trabajo de mesa del elenco «Un informe sobre la banalidad del amor», dirigida por Carlos Tolentino

Hombre de la cultura

El escritor Fernando Ampuero, ya conocedor del fallecimiento del director de teatro se mostró dolido: “Una pena enorme. Un hombre de cultura de primer nivel y con gran calidad humana”, publicó en Facebook.

Antes de la pandemia, Carlos Tolentino quería ver una obra en particular. “El Cuidador” escrita por el ganador del premio Nobel Harold Pinter. Se iba a estrenar en el Teatro Británico. “Ante la proximidad del estreno de “El cuidador” de Harold Pinter en el Teatro Británico, volví a leer con mucho entusiasmo el mensaje que el dramaturgo inglés diera al recibir el premio Nobel en 1958: ‘No hay distinciones concretas entre realidad y ficción, ni entre lo verdadero y lo falso. Una cosa no es necesariamente verdadera o falsa; puede ser al mismo tiempo verdadera y falsa’. Creo que estas afirmaciones aún tienen sentido, y aún se aplican a la exploración de la realidad a través del arte. Así que, como escritor, las mantengo, pero como ciudadano no puedo; como ciudadano he de preguntar: ¿Qué es verdad? ¿Qué es mentira? (…) Será muy alentador ver “El cuidador” de Pinter, ya que explora temas constantes, sobre todo los conflictos de identidad y la forma en que lo externo, que a menudo es considerado violento, la penetra y la determina”, publicó.

Minutos después de que se enterara del fallecimiento, Mikhail Page, director de la obra que Tolentino tanto quería ver publicó: “Cuando llegue ese día [el del estreno] será en tu honor. Gracias por los sabios consejos. El teatro no parará nunca. Ahora hay más motivos por los cuales seguir. Buen viaje, querido Carlos”.

Anticipado adiós

Se dice que los artistas tienen los sentidos desarrollados y están en contacto permanente con sus emociones, que se entrenan para estar presentes en mente, alma y cuerpo. Y que tal vez por eso, algunos, solo algunos, pueden percibir lo que otros no. El 3 de setiembre, Tolentino escribió:

«… Permanezco sentado. Algunas veces debo quedarme dormido. No quiero comer nada porque nada me provoca nada. Cualquier justificación acerca de alimentarme me resulta vacía. ¿De cuántas palabras se compone una defensa? Reconozco la lealtad que el frío me tiene. Me acompaña a toda hora. Incluso en aquellos breves instantes de sol, en que subo a la terraza porque alguien menciona las bondades de la vitamina D. Y que me hará bien. (Risas de sitcom) Julio Ramón Ribeyro escribe que “apenas se acomodó frente a su mesa escribió una vez más la palabra RES. Como no se le ocurría nada la invirtió y escribió la palabra SER”.

La foto de portada de la cuenta de Facebook de Tolentino lo presenta a él, sentado, con un libro abierto y atento a sus páginas, una canosa barba flanqueando su rostro, lentes, una silla antigua sobre la que descansa y, al fondo, unas pequeñas luces, diminutas, flotantes, que parecen hacerle compañía. Cuando las puertas de los teatros se abran nuevamente, lo harán en su honor.

CORRECCIÓN

La versión inicial de esta nota publicada a las 4:14 p.m. decía que el Sr. Carlos Tolentino tenía 74 años al fallecer, cuando en realidad 64 años. Nos disculpamos por la equivocación en una nota tan sensible.

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