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C. N. Manuel Aguirre: «La influencia de Rusia es innegable en el Mediterráneo»

La fragata Álvaro de Bazán (F-101) liderará el grupo naval de la OTAN durante cuatro meses



Desde el 30 de junio España lidera el grupo naval de la OTAN en el Mediterráneo, el denominado SNMG-2. Lo hará durante un año y al frente de esta flotilla, cuyos buques se relevan con países de diferentes nacionalidades, se encuentra el capitán de navío Manuel Aguirre Aldereguía.

Con el liderazgo de la fragata Álvaro de Bazán (F-101), el grupo naval mediterráneo de la A
lianza Atlántica ya ha puesto rumbo al Mar Negro, donde participará en las maniobras navales organizadas por Bulgaria, con el puerto de Burgas como referencia. Un destructor estadounidense les acompañará junto a otros tres buques búlgaros.

C. N. Aguirre Aldereguía – ARMADA

Posteriormente, visitarán la ciudad ucraniana de Odesa, a 206 millas náuticas (380 km.) de la base de la Flota del Mar Negro de la Armada rusa en Sebastopol, en la península de Crimea. Tras 21 días, tal y como estipulan los tratados internacionales, saldrán del Mar Negro.

En conversación telefónica con ABC, el capitán de navío explica que «la situación del Mediterráneo es compleja en estos momentos, algo que ha venido produciéndose a lo largo de su historia, al ser un mar pequeño y con intereses de muchos países».

«En la actualidad, es un escenario global donde se interrelacionan actividades diplomáticas, de información, militares y económicas de países que quieren influir en las políticas regionales para fortalecer su posición en áreas como la seguridad y defensa, el libre acceso a aguas abiertas, la explotación de recursos naturales o el acceso a las fuentes energéticas con las de actores no estatales, relacionadas con el tráfico de personas y armas, el terrorismo o el flujo de refugiados», explica.

Objetivo de la misión
El objetivo de su misión durante el próximo año es claro: «Proporcionar apoyo en el ámbito marítimo a cualquier operación liderada por la OTAN que dé respuesta a una situación de crisis». Este liderazgo naval de la Armada Española en la Alianza Atlántica es una de las principales aportaciones que realiza España este año junto a las misiones en el exterior (Letonia, Turquía, policía aérea del Báltico, Afganistán e Irak).

«Muestra de una forma inequívoca el compromiso de España con la Alianza y la solidaridad con sus aliados, y contribuye a garantizar la estabilidad internacional y la seguridad nacional, fundamentos sobre los que se asientan el progreso, el desarrollo y los principios de nuestra sociedad. Por su parte, la OTAN reconoce el alto nivel de preparación, profesionalidad y responsabilidad de las Fuerzas Armadas españolas», esgrime el capitán de navío.

La Armada ha programado la participación de tres fragatas clase F-100, con base en Ferrol, que actuarán como buque de mando en periodos de cuatros meses cada una hasta completar el año y que constituirán la base de la agrupación de la OTAN: la actual Álvaro de Bazán (F-101), la Cristóbal Colón (F-105) y la Méndez Núñez (F-104).

Diez ejercicios navales
Durante este año de mando está previsto que la «Standing Nato Maritime Group 2» (SNMG-2) participe en diez ejercicios navales en los cuales se adiestrará y de paso la OTAN mostrará «músculo» militar en el Mediterráneo. Dos de ellos tendrán lugar en España –«Dynamic Guard» y «Flotex»– mientras que uno final, «Steadfast Defender», pondrá a prueba mayores capacidades navales de la OTAN, siendo uno de los mayores ejercicios de la Alianza Atlántica en el Mediterráneo.

«En el Mar Negro esperamos encontrar una situación de relativa normalidad, considerando que existe una crisis no solucionada entre dos de los países ribereños, Ucrania y Rusia, con ramificaciones en el ámbito marítimo que afectan a la libertad de navegación en algunas zonas de ese mar», explica el capitán de navío Aguirre.

Rusia no sólo tiene presencia naval en el Mar Negro. A raíz de la guerra de Siria su influencia en el Mediterráneo ha ido en aumento, incluso cuenta ya con una base en la ciudad siria de Tartús, hasta donde llegó a desplazarse hace cuatro años el maltrecho portaaviones ruso Almirante Kuznetsov.

—Obviamente, la presencia rusa en Libia y Siria con aviones de combate y buques será un condicionante. ¿Le preocupa?

—Rusia es uno de los principales actores estatales en el Mediterráneo, con una notable presencia en Libia y Siria. Su influencia es innegable y exige dedicarle especial atención para conocer cómo puede evolucionar la situación en esos países, que son dos de los principales focos de inestabilidad del área mediterránea. La presencia de unidades rusas en el Mediterráneo no obstante, no monopoliza el esfuerzo de la Alianza ni condiciona su despliegue naval. Es un hecho más que hay que considerar para mantener una perspectiva integral de la situación en el área.

Efectivamente, tiempos revueltos en el Mediterráneo. ¿Lo último? El rifirrafe entre dos buques de Francia y Turquía, países ambos de la OTAN, en la operación «Sea Guardian» de la misma Alianza Atlántica. En una misión de embargo contra un carguero que llevaba armas turcas a Libia, un buque de la marina de Turquía amenazó con disparar hasta tres veces a la fragata francesa «Le Courbet». Y es que Libia es uno de esos escenarios de división de países de la OTAN.



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