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Baleares | El precario verano que avanza un crudo invierno para las kellys de Ibiza – El Salto

Baleares | El precario verano que avanza un crudo invierno para las kellys de Ibiza - El Salto


Hace justo un año, Milagros y otras camareras de piso y hoteles de Eivissa y Formentera recorrían en piquete las calles de Sant Antoni y Santa Eulalia, en la que fue la primera huelga de kellys en todo el Estado español. Con un seguimiento mucho más alto del esperado y una manifestación que reunió a miles de personas en el centro de la ciudad de Eivissa, las trabajadoras de hoteles de las Pitiusas dieron un golpe en la mesa, denunciando unas cargas de trabajo abusivas por parte de los empresarios de las islas.

En su hoja de reivindicaciones señalaban las fuertes presiones por parte de sus jefes, que las obligan a hacer hasta 26 habitaciones en jornadas de menos de seis horas, sin tiempo para ir al baño o para desayunar, y teniendo que afrontar enfermedades y lesiones crónicas no reconocidas por la inspección de trabajo.

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Milagros, 55 años, en la sede del sindicato CGT de Santa Eulalia del Río, Eivissa, donde realiza asesoramiento sindical un par de días a la semana.
Santi Donaire

Cualquier otro año, Milagros y sus compañeras no hubieran encontrado una mesa libre a las 10 de la mañana en la cafetería del Hotel Bahía. Si esta hubiera sido una temporada normal, alrededor de las mesitas de la terraza del hotel se escucharían los gritos de niños hablando en alemán e incluso habría ya varios grupos de jóvenes ingleses cerveza en mano. Si este hubiera sido un año sin pandemia, Milagros y sus compañeras no estarían tomando café un viernes de agosto por la mañana en la localidad ibicenca de Sant Antoni de Portmany.

A todas les sale una sonrisa cuando recuerdan con orgullo “la que liaron” justo hace un año. Milagros, sevillana de nacimiento y con más de 20 años en la isla, se reúne con sus compañeras a tomar café como homenaje simbólico de esa primera huelga. Este año la conversación se ve atravesada por la difícil situación laboral y personal que están atravesando cada una de ellas. Es final de agosto y la que más ha trabajado ha sido 21 días seguidos, cuando lo normal serían seis meses de trabajo sin descanso.

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Piedad, 51 años, lleva más de 20 años trabajando como kelly en Eivissa y es fundadora de las primeras asambleas de trabajadoras.
Santi Donaire

Los hoteles para los que trabajan desde hace años abrieron a mitad de julio y a principios de agosto decidieron echar el cierre por las restricciones que pusieron países como Reino Unido, Bélgica, Italia o Alemania. La ocupación hotelera en Ibiza durante el mes de julio fue del 35% de los hoteles abiertos. La cifra sería aún peor si hubieran estado disponibles todas las plazas hoteleras y bajaría hasta el 14%, según el INE. Esta bajada supone una caída de más de un 80% con respecto al mismo periodo del año pasado.

Aunque breve, las kellys denuncian que durante esta temporada sus condiciones se han empeorado, pues al frenético trabajo de limpieza, ha habido que sumarle la desinfección de cada una de las habitaciones. Con las mismas horas y las mismas habitaciones asignadas a cada trabajadora, la carga de trabajo ha aumentado aún más con la pandemia. Aunque reconocen que los hoteles les están dotando de equipos de protección individual, denuncian que no se han respetado las 24 horas que marca la normativa entre que el cliente deja la habitación y ellas entran a limpiar. Además, son ellas mismas las que tienen que limpiar sus uniformes de trabajo en sus propias casas, exponiendo así su salud y la de sus familias.

La más joven de todas, Raquel de 37 años, denuncia que sus jefes están más molestos este año como consecuencia de la huelga del año pasado. “El primer día de temporada nos quejamos de la carga de trabajo extra de este año y al día siguiente teníamos una carta cada una, amenzándonos con sanciones sino cumplíamos con el trabajo impuesto”.

Josefa, una de las más veteranas del grupo, añade que “este año han ido a la racanería y al low cost exagerado: no están contratando a nadie extra, hemos estado con el mínimo personal pero con más trabajo que nunca”. Su compañera Piedad apunta que en ocasiones se da la situación contraria y denuncia que varios hoteles “están contratando a trabajadoras eventuales, cuando tienen a fijas en ERTE”.

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La bahía de Sant Antoni de Portmany, Eivissa, vacía de turistas durante una mañana de agosto de 2020.
Santi Donaire

Todas reconocen que el impacto económico en sus familias está siendo muy duro por la falta de trabajo. “Vamos a comer pasta todos los días este invierno. El pollo lo dejamos para el cumpleaños del niño”. Muchas son fijas discontinuas y han podido cobrar el ERTE desde el inicio del Estado de alarma, otras, sin embargo, no han sido contratadas esta breve temporada y solo cuentan con los ahorros del año pasado, con el apoyo familiar y con los comedores sociales que Cáritas, Cruz Roja y la iniciativa local “Carritos solidarios” están instalando por toda la isla.

“El verano está siendo duro, pero el invierno en las Baleares va a ser durísimo” reconoce Milagros, la cual se siente agotada por los abusos que cada año tienen que sufrir ella y sus compañeras, pero promete que seguirán peleando por sus derechos.



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