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100 años de la Ley de Hidrocarburos (I) |


1908-1918: Pax Gommica y reactivación económica

Se cumple el centenario de la primera Ley de Hidrocarburos, aprobada por el general Juan Vicente Gómez, siendo su ministro de Fomento, el Dr. Gumersindo Torres. Por primera vez se incorporó en su articulado el principio de que la explotación del petróleo debía servir al desarrollo económico de Venezuela (ver nuestro Cipriano Castro y el petróleo, Analítica, 27.09.20).   

La Ley fue promulgada el 19 de junio de 1920; pero fue precedida de una reforma de la Ley de Minas, de fecha 27 de junio de 1918; la creación de la Dirección de Minas del Ministerio de Fomento, el 1 de julio; y el primer Decreto Reglamentario del Carbón, el Petróleo y Sustancias Similares, el 9 de octubre, ambos en 1918; y el segundo Decreto Reglamentario, fechado el 17 de marzo de 1919 (Aníbal R. Martínez, 2005). Todos propiciados por el honesto médico coreano, quien fue titular de Fomento en dos oportunidades.

La Ley de Minas de 1918 y sus Reglamentos registraron mejoras sustanciales respecto de las anteriores, al incorporar un articulado especial para el sector petrolero: 1) Sólo el Estado federal tendrá la facultad de otorgar concesiones; 2) Los yacimientos del subsuelo pertenecen a la Nación; las concesiones sólo otorgan a los particulares el derecho de explotación de las áreas asignadas; 3) El período de explotación del concesionario pasó de 50 a 30 años; 4) La regalía se fijó entre 8% y 15% (un incremento sustancial, en función de las distancias entre los campos de producción y los terminales de embarque); 5) El impuesto superficial variará de acuerdo con los volúmenes de producción; 6) Las áreas asignadas que no sean explotadas deben ser revertidas a la nación antes de tres años; y 7. Se introdujeron novedosos criterios técnicos para la conservación de los yacimientos.  

Fue en la segunda década del siglo XX cuando se inició en Venezuela la explotación intensiva de los hidrocarburos, con el gran descubrimiento del pozo Zumaque-I en 1914 (Shell). La economía venezolana inició durante el gobierno del general Gómez un largo período de crecimiento sin precedentes que se prolongó hasta la bonanza petrolera de los años 70 del siglo XX. La expansión del producto nacional y de la extracción de crudo sólo fue interrumpida, temporalmente, por factores externos, como la Primera (la Gran Guerra, 1914-1918) y la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), y más tarde, por la guerra de precios del petróleo de 1986.    

El valor de la actividad económica (aproximación al PIB) aumentó de Bs. 345 millones en 1908, a Bs. 412 millones en 1914 (a precios de 1936, Asdrúbal Baptista, 2006). Descendió a Bs. 401 millones en 1916, por la Gran Guerra; se recuperó a Bs. 468 en 1918, y siguió creciendo hasta Bs. 521 millones en 1920, ya ligeramente apalancada la economía por el petróleo, aunque todavía la actividad productiva seguía siendo agropecuaria en un 47% del producto nacional para este último año. La agricultura y la cría continuaron siendo los factores dominantes de la economía en la segunda década del siglo XX. El valor de su producción se expandió de Bs. 185 millones en 1908, a Bs. 285 millones en 1917 y Bs. 244 millones en 1920 (132%). No en balde el Benemérito había sido un próspero ganadero antes de su incorporación (1899) a la triunfante Revolución Restauradora de su compadre, el general Cipriano Castro.

La expansión económica, agrícola y extractiva que tuvo lugar durante la primera década de la administración gomecista es atribuible a la pacificación del país, lograda por el caudillo tachirense después del fracaso de la Revolución Libertadora en 1903 (Pax Gommica, Manuel Caballero, 2010). Pero, además, se generó un ambiente propicio para las inversiones extranjeras por el esmero del general Gómez en cumplir con los compromisos contractuales y de deuda externa del país, la búsqueda de relaciones amistosas con todos los países del mundo y la percepción de una mayor seguridad jurídica por parte de los inversionistas nacionales e internacionales.  

Así lo atestigua el profesor inglés Brian McBeth, el más acreditado especialista en el período del general andino: “Durante los primeros años del régimen de Gómez, el gobierno se esforzó por atraer inversionistas extranjeros al país. Al frente de esta campaña entre 1909 y 1922, estaba la promulgación de varias leyes de hidrocarburos y mineras…Después de la Primera Guerra Mundial, (hubo) un gran aumento de la actividad petrolera por compañías americanas y británicas, atraídos por el potencial del país, la relativa estabilidad política y los benignos términos de explotación.”

Durante la etapa que concluye con la nueva Ley de Minas y los Decretos Reglamentarios de los hidrocarburos de 1918 y 1919, y la primera Ley de Hidrocarburos de 1920, la administración gomecista otorgó ocho concesiones; dos de ellas, las más importantes, al venezolano Rafael Max Valladares. La primera (1910), concedía derechos de explotación por 49 años, más 3 de exploración, en la península de Paria, el distrito Benítez del estado Sucre y el municipio Pedernales e islas adyacentes de Delta Amacuro. La segunda (1912), abarcaba los estados Anzoátegui, Carabobo, Táchira, Monagas, Mérida, Lara, Trujillo y Yaracuy, además de varias localizaciones en Falcon, Sucre y Zulia.  

Las concesiones Valladares, por su inmensa extensión, fueron las más polémicas que registra la historia del petróleo en Venezuela, criticadas por diversos sectores de la vida política y económica nacional, particularmente por Rómulo Betancourt en su clásico libro Venezuela, política y petróleo. Aunque concedidas legalmente, la crítica se centraba en la adjudicación sin licitación a amigos y allegados del caudillo de La Mulera, sin calificación para explotarlas, quienes las traspasaban, también conforme a la Ley, a empresas internacionales que si contaban con el capital, la tecnología, las destrezas técnicas y los recursos humanos para explorar y producir hidrocarburos.

Hubo varios hitos productivos en el período 1908-1918. Como apunta el académico de la Ingeniería, Aníbal R. Martínez, se exportaron 15 toneladas métricas de asfalto, por un valor de Bs. 970.000 durante el primer semestre de 1912. Ese año, las ventas de exportación de la concesionaria General Asphalt ascendieron a $10 millones, una suma considerable si se considera que ese año el valor de las exportaciones agrícolas y pecuarias se ubicó en Bs. 53 millones ($15,8 millones al cambio de entonces).

Entre fines de 1912 y 1913, la Caribbean Petroleum Company, filial del grupo Royal Dutch Shell, adquirió el control accionario total de la General Asphalt, con lo cual se afianzó el predominio anglo-holandés sobre el estadounidense en la naciente industria de los hidrocarburos. Previamente, el 27 de noviembre de 1912, el reconocido geólogo, Ralph Arnold, había presentado su informe preliminar a la Caribbean Petroleum, sugiriendo la perforación perentoria de un pozo exploratorio en el gigante campo Mene Grande, que será, nada menos y nada más, el Zumaque-1. Arnold también recomendó la selección de 87 lotes de 500 hectáreas cada uno en los estados Anzoátegui, Falcón, Monagas, Nueva Esparta, Sucre, Trujillo y Zulia. La historia de Venezuela cambiaría para siempre.   

En la siguiente entrega analizaremos la segunda etapa petrolera del gobierno del general Juan Vicente Gómez (1918-1935).

@lxgrisanti



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